Ese momento…

El momento en que te acercas a mi boca y pretendes acallar mis silencios. Ese momento en que dudas, y el titubeo se convierte en un juego. Yo veo el miedo en tus ojos, la angustia de todas las veces que se te clavaron en el pecho sin avisar, de las manchas indelebles que dejaron al pasar. Las veces que has sido dos, queriendo ser uno, perdiendo una parte de ti por el camino. Los versos a medio escribir y todos los no puedo, que desfallecieron contigo.

Y sé que ese beso que buscas no va a salvarte. No hay amor que entierre a otro, ni que cure las heridas.

Y aún así insistes. Y algo dentro de nosotros se desboca.

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Contigo

Compartir ese momento en el que bostezas y aún eres parte de tus sueños. Y tu cara refleja las incoherencias de tus deseos.

Enredado entre las sábanas me sabes a felicidad instantánea, a la sinceridad duradera, a nuestras flaquezas, a ese algo que se nos sigue ensanchando en el pecho.

Comprendimos por fin, que el amor no es estático en el tiempo, son sentimientos que se amoldan al devenir de los años.

Que cada día me ayudas a batir las alas, aunque no entiendas que busco tan lejos y me repitas que bajo tu conformismo también te sientes completo.

Y los dos, ahora, tenemos la seguridad de que querernos bien y sentirnos libres siempre hemos sabido hacerlo.

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Ella

Perdonó lo que tiempo atrás le había hecho daño. Buscó aquellas viejas fotos-desgastadas de tanto mirarlas-que escondían los rasgos de un pasado demasiado latente para olvidar.

Una vida construida sobre frágiles cimientos tendía a romperse con facilidad. Una vida que de tanto deformarse ya no reconocía como suya.

A veces hay que perderse muchas veces para reconocer que no hay brújulas que marquen nuestro destino.

Ella lo sabía. Ahora entendía que somos lo que nuestros sueños nos dictan.

Y estaba dispuesta a conseguirlo todo.

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No nos hemos rendido

Recuerdo cuando éramos jóvenes y aún mirábamos al mundo como si nos perteneciera. Habia cierta indulgencia que nos embriagaba, que nos empujaba a persistir aunque ya estuviera perdido. Era esa dulce esperanza, la ferviente creencia de que algo grandioso nos aguardaba.

Fueron los fracasos que encallecieron nuestros sueños. Allí donde una vez hubo luz, hoy solo queda una tenue ilusión que se nos mezcla con la nostalgia.

No nos hemos rendido, solo hemos aprendido a ser felices y esperar el momento oportuno.

A no dejar que el tiempo nos envejezca el espíritu.

Me gustaba…

Me gustaba que entendieras mis silencios.

Que no necesitaras buscar significado a los momentos que compartíamos,

que fuéramos sin preocuparnos por lo que podíamos llegar a ser.

Que me quisieras libre para perseguir mis sueños e hicieras nuestros mis propios logros.

Me gustaba tu risa, tu alegría, tu manera de ver la vida, tus manías, tu rabia contenida ante las injusticias.

Me gustabas tú y todas las versiones posteriores que te hicieron madurar con el tiempo.

Me gustabas lo suficiente para dejarte ir cuando dejamos de comprendernos.

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Me encantas

Me encanta compartir tu risa. Tus gritos de alegría, ver como tus mejillas se enrojecen y tus ojos se iluminan. Contagiarme de tu juventud, de esa magia que le otorgas a las situaciones más cotidianas. De ver el mundo por primera vez. Y sorprendernos por una hormiga, por ver un avión, por esperar a que salga la Luna y cantarle a viva voz.

Me encantan tus primeras palabras, hasta las que te inventas porque su nombre real es demasiado complicado. Y es que la vida es así de simple. Un beso para curar las heridas, acurrucarte con la persona que amas si tienes miedo, si te sientes solo, si te apete y punto.

Me encanta que no quieras tener horarios. Que el tiempo no reprima tus ganas de seguir bailando. Que exprimas los últimos minutos de tu día como si mañana se acabara el mundo. Que mientras te quedas dormido repitas uno a uno los nombres de las personas a las que amas, para grabarlas a fuego en tu memoria.

Me encanta que nos imites. Que todo lo que hagamos en nuestro día a día sea un ejemplo para ti y nos obligues a ser mejores personas.

Me encantas tú en todos los sentidos. Y verme reflejada en ti. Y verlo reflejado a él también. Y prestarte los sueños que quedaron huérfanos.

Que tienes encanto hasta para robarme el corazón en los peores momentos.

Te escribiría…

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Hoy te escribiría para soñarte un poco más. Ahora que te siento lejos, que no te respiro cerca, que tus dedos silenciosos no recorren mi espalda. La piel se siente fría, húmeda, triste. Te soñaria hasta tener la certeza que en mi confusión te convertiste en realidad.

Hoy te escribiría para decirte las palabras que se secaron en mi boca., recubiertas aún por tu aliento. Parece que tu olor vive en mi. Solo eres un resquicio en mi memoria pero…no te desvaneces. Y solo te pienso.  Te diria que dejaste el aire cargado de promesas sin cumplir.

Y podría escribirte hasta con los ojos cerrados. Y escucharía nuestra música de fondo, y tus pies torpes rompiendo el ritmo, mi risa estallando en eco en la habitación. Después noche y silencio. Sin miedo, sin dudas. Sin reproches, sin llantos. Después amor entre sábanas, abrazos sinceros, caricias inquietas.

Te escribiría aunque me hubieras olvidado ya. Aunque tus ojos ya no me buscasen entre la gente y aunque no fuera capaz de recordar tu voz. Te diría que necesito volar de nuevo, con tus manos no me caigo. Serías un libro entero. Y yo una lectora en proceso de duelo por tan duro final.

Y no vuelves. Y la noche y esta conjoga que se aferra a la soledad. Y el adiós que se escurre de mis labios.

No vuelves, y dejo la hoja en blanco, y encierro tu recuerdo.