Búscame

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Búscame, por si queda algún resquicio de lo que fui en el pasado. Lejos y en el olvido quedaron aquellos restos, que ahora se escurren en mi memoria para morir acompañados del tiempo. El tiempo se encargó de moldearme a su antojo. El tiempo rompió las manecillas de mi reloj y se detuvo después de que perdiera el tren que me llevaba de vuelta.

Búscame y veras que no existo. Que borré todo lo que me recordaba a ti, y contigo se fue una parte de mi misma. Que hasta los segundos que se detenían para dejar que nos besáramos se preguntan cómo pudo desaparecer nuestra historia. Y es que hay amores que calan, pero no lo suficiente para dejar una herida.

Y a pesar de ello, si me buscas, no podrás encontrarme. Tu presencia efímera me llevo por caminos recónditos. Me enseñaste a digerir con rapidez la amargura que dejan los finales tristes. Me enseñaste que los príncipes azules solo viven en los cuentos y que el amor de verdad no entiende de requerimientos. Ni de altos, rubios o morenos. Que a veces hasta te enamoras de la “rana” y lo darías todo por ella.

Búscame, y te darás cuenta que nunca estuvo bien remover el pasado. Que lo que ocurrió no puede tocarse aunque nos dejara una huella de arrepentimiento. Que no hay nada que se marche sin que nadie lo llore. Y poco importa ahora quien sufriera más de los dos.
Aunque si no quieres no me busques más. Si nuestros ojos se encontraran quizá nos daríamos cuenta que jamás pudo funcionar. Quizá la envidia de nuestras nuevas vidas se sume al rencor de lo que no pudo ser. Y es que el tiempo desgastó la imagen impoluta que tenía de los dos.

Confianza ciega

kVEPcWcfSA2tgOpRz9Za__DSC0765No me importa nadar contra corriente si sé que al otro lado hay algo. Aunque después el mundo se me eche encima, quién manda es el corazón.  Aunque después de cincuenta mil batallas, los cobardes se hayan esfumado y me quede sola. Es en esos momentos cuando desaparecen las máscaras y los escudos y veo el alma de quien tengo al lado. Es entonces cuando después de haberte dicho que te vayas, sin ganas de que te fueras, solo por cabezonería… tú sigues aquí. Hay caminos que se recorren en solitario, pero saber que permaneces cerca para recogerme es alentador.

Es alentador verte todos los días y descubrir que no te fuiste. Que a pesar de poder elegir preferiste mantenerte en este lugar. A pesar de los días monótonos, de que los años hayan desgastado el ingenio para nuevas bromas y nos riamos de las mismas cosas sin la misma gracia. Lo realmente bonito, es que nos sabe igual.
Y seguimos andando en la misma dirección pero lo hacemos juntos. Y esa ínfima diferencia hace de toda nuestra vida algo especial. Supongo que el secreto para saber si es la persona adecuada es mirar hacia atrás e intentar imaginarte sin ella. A mí me resulta del todo imposible.

Y ahora que todo va a cambiar, que quizá sea demasiado, que en cada nuevo día los retos intenten hacer de nosotros nuevas personas…tengo la certeza de que ninguno de los dos huirá. Aunque sea más fácil ceder y rendirse, el peso de la lealtad será motivo suficiente.

No me importa que nuestro amor haya cambiado con los años mientras permanezca intacto. Aprendí que la emoción de los primeros momentos solo dura lo estrictamente necesario para lograr que nos enamoremos, que después ese sentimiento madura y crece para transformarse en algo más grande y más complicado. Algo que todos nos empeñamos a llamar amor y es del todo inclasificable. Un sentimiento sin nombre que de nuevo me pide confianza ciega.

Como la primera vez

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Encontré bajo los escombros una parte de mi vida que te perteneció. Te recordé tal como eras entonces, el epicentro de un mundo que no se correspondía con la realidad. Todo era tan perfecto que cuando la lucidez me alumbraba casi dudaba de ese amor. Pero no resultaba complicado volver a ponerse la venda. Todo lo hacías brillar. Por eso cuando te fuiste me quedé a oscuras. Tropecé mil veces antes de volver a encontrarme.

Yo siempre te buscaba a ti. No me paraba en otros ojos que no fueran los que me gritaran amor con solo mirarlos. Y aquella sonrisa que me recordaba a los múltiples despertares contemplando el alba. Siempre me refugiaba tras los rincones que olieran a nosotros. Rescatando algún resquicio del pasado que habíamos sido. Me cobijaba bajo montañas de recuerdos que se escabullían cuando el tiempo los reclamaba. Me encogía en mi burbuja esperando que el olvido te sacara de allí.

Y así hasta que dejó de doler.  Así hasta que pude contemplar mis cicatrices sin esforzarme en no llorar. Poco a poco volví a respirar sin esfuerzo. A caminar sin que la inercia hiciera todo el trabajo.  A pesar de que todas las canciones me decían que después de ti no había nada, yo mantenía la esperanza. Sabía que vendrían otros que harían de ti un lejano recuerdo. Que volverían a romper la barrera. Porque por muy duro que nos golpeen a veces, la confianza se regenera. Vuelves a creer, aunque con cierta reticencia, lo haces. El amor es capaz de eliminar de tu memoria el sufrimiento para que vuelvas a enamorarte como la primera vez.

Somos fuego

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Me encanta cuando te cubres de silencio y yo corro hacía a ti para perturbar la paz que te rodea. Cuando me haces creer que la felicidad es aquello que ocurre cuando te brillan los ojos y cualquier excusa vale para echarse a reír.

Quizá te ame porque no desesperas por hacerte entender. Porque ante ti todo se presta tan simple que casi da miedo. Porque te veo reflejado allá donde mire. Entre las sonrisas que sortean un mal día, entre los abrazos que se afanan por detenerse en un instante. Entre las miradas que miran sin mirar, solo porque les da vergüenza ser descubiertas. Y en los gemidos de pleno éxtasis cuando bajo las sábanas no puede haber mejor combinación que tú y yo.

No sé desde que momento empecemos a ser parte del otro. A respirar el mismo aire sin ahogarnos. A ser dos mentes dispersas dispuestas a conectarse en el momento oportuno. A entregar nuestro corazón sin miedo a que un día no podamos devolverlo. Que si escribo es porque la inspiración se esconde entre los suspiros que me dedicas cuando me miras. Y ya no hace falta más, ya eres una extensión de mí que se prolonga hasta lo más profundo de mi ser.

Me encanta que des por hecho que te quiero. Que por fin llegamos a esa fase de la relación en que la confianza no hace falta buscarla porque viene sola. Que somos tan íntimos que llegamos a anticiparnos a los deseos del otro. Que somos tal fuego que arde que a veces las chispas se cambian de lado y nos ofuscamos con los defectos del otro. Y más tarde cuando la tormenta amaina tenemos la certeza de haber sido suficiente sinceros para no volver a equivocarnos.

El tiempo ya no es un enemigo que acecha para llevarse los momentos que hicieron de nosotros lo que somos. Es solo aire que nos empuja, mientras avanzamos cogidos de la mano por el camino que decidimos compartir.

Esa es la paz que tanto anhelaba. Saber que nadie podrá arrebatarnos lo que construimos, los cimientos son demasiado profundos para poder derribarlos.

Al punto de partida

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Otra vez yo.
Tú abres el buzón sin ninguna emoción aparente. Supongo que ya es una costumbre. Ya forma parte de lo cotidiano y dejó de importarte.
No me preguntes porque te escribo. Es el corazón quién mueve las palabras. Quién las empuja hacia afuera para que no arañen mis adentros. Quizá tenga la vana esperanza de deshacerme de ellas si las entrego a quién pertenecen.
No. Siempre vuelven. Temo que algún día ocupen demasiado espacio. Que solo sean pasado y no haya sitio para el futuro. Que tenga que reciclar recuerdos para seguir viviendo.
Aún te recuerdo. Mientras tú olvidas, yo invento la manera de recuperarte. Quizá si lo intentas…
Será volver atrás, al punto de partida.
A curar las heridas abiertas, a soplar en ellas para que no escuezan tanto.
Soy experta en coleccionar momentos irrepetibles, en reanimar las ganas cuando ya están muertas.
Mira, primero para ese reloj. Que su «tic-tac» incesante no maldiga el final de nuestros encuentros.
Que el tiempo sea un simple acompañante, no un cómplice de nuestros miedos.
Luego vuelve. Aunque no sepas cómo. Vuelve.
Aunque tengas que inventar el camino y recorrerlo más despacio otra vez.
Yo te esperaré aquí, deshojando margaritas. Como aquella niña a la que un día le robaste el alma.
Que el tren solo pasa una vez, pero si pasa dos es porque no lleguemos a nuestro destino.

Dedicado a ti

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Hoy quiero dedicarte unas palabras bonitas de esas que me regalas tú todos los días. No porque te las merezcas, aunque sabes que sí, porque sueles ganarme siempre.

Solo tú eres capaz de irrumpir en mi remanso de paz y proclamarlo tuyo, robarme mi tiempo con injusta perspicacia, intentar ahogarme con un abrazo e insuflarme libertad. Porque por raro que parezca, a pesar de sentirme ligada a ti en todos los sentidos, me siento libre, me siento que vuelo, pero con una mano que empuja y es la tuya.

Aunque a veces seas odioso o no me apetezca quererte tanto y cargar con este amor agotador. Que también lo es. Sobretodo porque yo soy incapaz de aceptarlo y ya está. Yo le doy vueltas, busco razones, me pregunto porque mil veces. Soy todo lo contrario a ti, que vas por la vida como si te la hubieran hecho a medida.

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Mi canción favorita

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Me gustan las melodías de mi mundo. Componen la canción de mi vida. Y cuando las oigo tararear me siento feliz. Me siento que todo tiene sentido,  que conforman un orden en mis sentimientos a veces demasiado caóticos.

Me refiero a ese leve quejido de tu respiración en mi almohada. Del sonido de tu risa que inunda mis mañanas. Del “tic-tic” de las patitas de mi perro sobre el parquet, de sus bostezos con mensaje indirecto mientras me peino para que me espabile a sacarlo a la calle. Del ronroneo de mi dolce gusto cuando expulsa ese aroma a café. Del zas de la contraportada de un libro que marca el final de su lectura. O mejor, del susurrar de sus páginas cuando lo empiezas y se rebelan a ser dobladas. Del tamborileo de mis dedos en este teclado. De mis suspiros de satisfacción cuando consigo llegar a mi objetivo de X palabras.
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