Ser parte de la historia

Nadie elige ser parte de la historia. Ni siquiera se da cuenta de donde se encuentra hasta que los hechos lo arrollan con toda su gravedad. Tal vez hubiera preferido formar parte de lo cotidiano, sin tener que asumir la responsabilidad del momento. Porque el momento pesa y mucho. Pesa la ruptura de todo aquello que nos mantenía estables, en nuestro lugar. El sentirnos privados de libertad, presos de la distancia y presos de los recuerdos y de ese deseo de normalidad.

Pero ya nada es igual. Nada será igual. La situación nos revuelve por dentro y nunca se vuelve indemne de un desastre.

Después de llevarlo todo al límite, me gusta pensar que nada pasa por casualidad. Que necesitamos adentrarnos en una tormenta para recordar nuestra fragilidad, pero también nuestra voluntad de cambio. El cambio. Quizá sirva para andar más despacio, para apreciar lo que la vida nos da y puede arrebatarnos sin previo aviso.

Nadie elige ser parte de la historia, pero después de decir “yo estuve allí”, uno se da cuenta de lo mucho que aprendió de la catástrofe.

Perdóname

Perdóname por ir así buscándote tan torpemente… (Pedro Salinas)

Perdóname si te recuerdo,

si me dejo marchitar en esta esquina,

si de penas le hablo al viento,

si en los silencios me parece escuchar tu risa.

Si no consigo llenar los vacíos,

y tu ausencia grita más alto que mi propia vida.

Perdóname si ahora estoy hecha de pedazos,

si no me cosí las heridas,

si aún me parece estar soñando,

si me evado entre la melancolía.

Y sin embargo si te encuentro,

si coincidimos en esta esquina,

fingiré que no me dueles.

que ya olvidé que existías.

Silencios (1a parte)

Voy a colmar de historias todos nuestros silencios. Me inventaré que vienes a buscarme de improviso, como en aquellas tardes de lluvia refugiados en un buen café. Olvidaré por un momento que te he escrito y que entre líneas derramé la poca fe que quedaba en mi.

No quiero que hables más de la cuenta, que te ahogues entre palabras que no me dieron tregua ni una sola vez. A veces las cubrías de tanta tristeza, que me parecía estar llorando versos de alguien que nunca supe quien fue.

¿Te vestiste de perfecto caballero?

Quizá la inocencia nos sorprendió a los dos y nos sujetemos con fuerza la máscara para no caer rendidos al amor.

Vida

Mi vida no es más que un papel lleno de garabatos. Nunca me gustó poner punto y final a mis propósitos, tal vez por ello me llené de proyectos inacabados.

Si elegía entre dos caminos me parecía estar despreciando el otro lado, y acabé por ir y venir sin control ni destino fijado. Podría haber sucumbido al caos y al devenir perpetuo de los años, mas las pasiones lejos de adormecerse, me acabaron guiando.

Ya no percibo al tiempo como un lastre que me devuelve al pasado.

Llegarás

Llegarás con ese aire nostálgico, como la lluvia cuando ennegrece el cielo. Con ruidosas tormentas poblarás mi caos, creeré que no te necesito, que ya no quiero, que tras las caricias me desvela la confusión, las dudas, el miedo. Entonces súbitamente te encontraré dentro de mi, hurgando en lo desconocido. Entre los recovecos de un espacio solo reservado para mi, y muy lejos de hacerte dueño, reclamarás un pedazo de mi. Vendrás dispuesto a limpiar heridas y sin embargo no te lo pondré fácil porque soy así, inaccesible. Hasta para aquellos que creen que el desorden existe para poder ser feliz. Tal vez mis muros se derrumben y no quede más que la esencia de lo que soy. Tal vez así pueda funcionar.

Libertad

Voy a mirarte de cerca percibiendo el mismo cosquilleo que me hizo detenerme una vez. A nuestro lado, una música nos cantará sobre las desaventuras del amor y nos sentiremos cómplices del mismo mal. No habrá quien nos entienda ni esperaremos que lo hagan y seremos dueños de nuestra vida por propia convicción.

No razonaremos demasiado, la locura e incluso la estupidez regirán lo que nos pida el corazón y estaremos convencidos, por fin, de nuestra libertad.