Demasiadas las cosas…

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Quizá fueron demasiadas las cosas que ocurrieron antes de que decidieras marcharte. Tal vez se removieron sentimientos que hicieron imposible una oportunidad. Entre tanta duda se escaparon futuros pasos hacia más allá de lo que fue realmente. Y vino un fin. Y cuando todo acaba, empezar es más tentador que arreglar lo que ya está roto.

Volver hacia atrás nunca estuvo en mis planes. Ni siquiera cuando olvidas algo importante vale la pena arriesgarse. Corría el peligro de empaparme de lo que ya olvidé. Y el olvido duele. El olvido siempre arrastra recuerdos consigo. El olvido marcó el ritmo de los sucesos que me siguieron. Por muy lejos que quisiera correr, ya no era una hoja en blanco. El miedo se encargó de impedir que cometiera otro fallo.

Quizá fueron demasiadas las cosas que nos dijimos. Cuando uno calla, le otorga al otro la sensación de que el final no fue tan agridulce. Pero la verdad pisoteó cada rincón que te tenía reservado. Ni siquiera una sonrisa arrepentida pudo borrar aquella lágrima.

Demasiadas las cosas que compartimos, sin intención de devolverlas a su lugar. Dos corazones deambulan ahora sin saber del cierto quien es su dueño. Sin saber que de una mano a otra poco a poco van perdiendo forma.

Y nos perdimos los dos, sin ánimo de encontrarnos.  Demasiados los lugares para buscarnos, cuando quisimos escondernos de lo que nos hizo daño.

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Mi deseo para el 2017

Os dejo una entrada que escribí en el blog de HQÑ y que también podréis encontrar aquí:

Quién me iba a decir que acabaría escribiendo en el blog de una editorial como HarperCollins y que me darían la oportunidad de sacar a la luz una novela que llevaba años gestándose en mi cabeza. Que empezó como un juego. Eso fue para mí al principio, cuando de niña soñaba con grandes historias de amor y para no olvidarlas las plasmaba en el papel. Era divertido ver como cobraban forma en mi mente y maduraban con el tiempo. Por eso siempre he creído que una novela, sea cuál sea la trama, necesita tiempo y reposo. El tiempo te permite descubrir nuevas ideas y el reposo revisarlas con ojos críticos, sin la emoción que te brinda la inspiración en el momento de escribirlas.

Siempre se me dio por escribir historias de amor. No podría decir porque me empeciné por el género romántico, quizá no conciba la vida sin amor. Sin ese sentimiento que nos da sensibilidad, ternura y es capaz de llenarnos de locura sana. Pero sobretodo adoro los principios. Con las dudas, los miedos, las inseguridades y la ilusión por un amor que empieza y no sabes cómo acaba. Y escribir me dio la oportunidad de enamorarme una y mil veces sin salir de mi imaginación. Sin asumir el riesgo, el atrevimiento que nos lleva a confiar en la poderosa atracción.

Todas esas emociones son las que intento captar en mi novela Regálame un instante, que saldrá publicada en breve bajo el sello HQÑ. Desde aquí os animo a que os hagáis partícipes de la historia de Alessia, que viajéis a través del paisaje marinero de Cudillero y que os dejéis hechizar por la magia del primer amor. Magia que muchas veces nos ayuda a curar viejas heridas del pasado, transformando nuestro presente por completo.

Y eso es precisamente lo que le pido al año que entró, poder seguir disfrutando de la magia de nuevas historias que nos sigan enamorando y contagiando de ilusión.

16 de Febrero

Febrero se abre ante mi. Febrero el mes del amor y un mes lleno de expectativas. Y quizá me ponga demasiado intensa pero es que el 16 de Febrero marca un antes y un después en mi vida de escritora anónima. De aquellas palabras escondidas en el diario de una niña que inventaba historias para no aburrirse. Para hacerse dueña del mundo. Y es que escribir es la única forma de burlarse del destino. De otorgarse poder a uno mismo.  Y escribir siempre se me dio mejor que hablar. Cuantos discursos mentales se quedaron ahí dentro por ser incapaz de darles coherencia fuera. Porque en el interior de cada uno todo resulta más fácil.

Y quizá me ponga demasiado romántica pero para una enamorada de los libros como yo, no hay mayor logro que haber conseguido escribir uno. Publicar estaba de más. Publicar era una satisfacción para mi ego. Para la autoestima maltrecha de alguien que nunca se atrevió a compartir nada.

Así que ya sabéis, el 16 de Febrero sale a la venta Regálame un instante a través de las principales plataformas como Amazon. Pero para mi es algo más que eso. Para mi es abriros las puertas a mi mundo. A ese mundo que no quise descubrir a nadie. Hasta ahora.

Y hasta entonces, desde facebook y twitter compartiré pequeños fragmentos como este:

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Regálame un instante

El año que entra viene cargado de nuevas ilusiones: mi reciente maternidad y la próxima publicación de mi novela con Harlequin Ibérica, que a pesar de no tener aún fecha concreta de salida si que puedo empezar a hablaros de ella.

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Regálame un instante es una novela romántica juvenil. La protagonista, Alessia Martín, a sus diecisiete años ya conoce el dolor de la pérdida. Después de cinco años intentando olvidar la muerte de su padre en un accidente de tráfico, decide que ya es hora de reencontrarse con su hermano Nico, que abandonó Madrid tras la tragedia, para aislarse en Cudillero, un pequeño pueblo de Asturias.

Nico dista mucho de ser el que recordaba, sumido en una profunda depresión, acoge a su hermana con alegría y con miedo. Con ella revive de nuevo los recuerdos que un día decidió enterrar, y el temor a perderla de nuevo, hace que ejerza sobre ella una sobre protección desmesurada.

Ale intenta a toda costa ayudar a su hermano a superar el recuerdo de su padre y a seguir adelante con su vida sin el pánico que lo acompaña a cada momento. Solo cuando conoce a Isaac y empieza a experimentar los primeros síntomas del amor, se da cuenta de que las heridas del pasado también han dejado cicatrices en ella.

Una historia de amor, amistad y superación. Donde creceréis, madurareis y os enamorareis con los personajes.

Os iré dando más detalles a través del blog, Facebook y Twitter. Por el momento:

¡Felices fiestas!

Relato: Algún día

Nayra observaba la noche oscura a través de la ventana mientras se peinaba el cabello. Oyó chirriar la puerta de sus aposentos, reconoció los pasos decididos que se acercaban a ella y los dedos hábiles que le rozaron el pelo con aquella ternura contenida. Dejó el peine con brusquedad y se levantó de la silla para mirarlo. Allen tenía una expresión indescifrable. Se acercó a ella y acarició un mechón de su cabello con delicadeza mientras salvaba los escasos centímetros que los separaba. Detrás de esa dureza bien disimulada seguía viendo un destello de ternura, unos ojos azules que la llamaban para que se acercara. Nayra puso la mano en su pecho en un acto reflejo pero allí se quedó agarrando con fuerza su jubón de seda, sintiendo su piel caliente debajo de ella. Sus pensamientos se nublaron. Como si Allen supiera lo que estaba ocurriendo cogió su mano y besó cada uno de sus dedos. Ella siguió mirándole, atenta al próximo movimiento. No dijo nada.

—Algún día serás mía…

Aquella promesa revolvió sus entrañas. Entreabrió los labios para dejar ir un jadeo. Allen sonrió y sin preverlo—ni querer evitarlo—se abalanzó sobre ella para besarla. Fue un beso urgente y violento pero ella no rechistó, tampoco cuando volvió a repetirlo estrechándola entre sus brazos.

—Algún día serás mía—volvió a repetir—pero hasta entonces deberías comportarte. Esto no es propio de una doncella de tu clase.

Y dejó ir una sonrisa burlona. Nayra le fulminó con la mirada y salió al balcón antes de que volviera a hechizarla. El cielo negro se le echó encima y el frío glacial golpeó sus huesos. Pero había prendido fuego a su contacto y aún notaba la calidez en su piel. Había dicho que algún día le pertenecería. Volvió a jadear. Ahora entendía que era eso precisamente lo que deseaba.

Búscame

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Búscame, por si queda algún resquicio de lo que fui en el pasado. Lejos y en el olvido quedaron aquellos restos, que ahora se escurren en mi memoria para morir acompañados del tiempo. El tiempo se encargó de moldearme a su antojo. El tiempo rompió las manecillas de mi reloj y se detuvo después de que perdiera el tren que me llevaba de vuelta.

Búscame y veras que no existo. Que borré todo lo que me recordaba a ti, y contigo se fue una parte de mi misma. Que hasta los segundos que se detenían para dejar que nos besáramos se preguntan cómo pudo desaparecer nuestra historia. Y es que hay amores que calan, pero no lo suficiente para dejar una herida.

Y a pesar de ello, si me buscas, no podrás encontrarme. Tu presencia efímera me llevo por caminos recónditos. Me enseñaste a digerir con rapidez la amargura que dejan los finales tristes. Me enseñaste que los príncipes azules solo viven en los cuentos y que el amor de verdad no entiende de requerimientos. Ni de altos, rubios o morenos. Que a veces hasta te enamoras de la “rana” y lo darías todo por ella.

Búscame, y te darás cuenta que nunca estuvo bien remover el pasado. Que lo que ocurrió no puede tocarse aunque nos dejara una huella de arrepentimiento. Que no hay nada que se marche sin que nadie lo llore. Y poco importa ahora quien sufriera más de los dos.
Aunque si no quieres no me busques más. Si nuestros ojos se encontraran quizá nos daríamos cuenta que jamás pudo funcionar. Quizá la envidia de nuestras nuevas vidas se sume al rencor de lo que no pudo ser. Y es que el tiempo desgastó la imagen impoluta que tenía de los dos.

Tu nombre

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Tu nombre forma parte de una de las decisiones más importantes que he tomado. No es solo una decisión. Es parte de la identidad que te acompañará siempre. Parte de la personalidad que construyas a medida que vayas creciendo, que dará fuerza a algunos aspectos de ti mismo. Que hará de ti alguien único y especial. Por muy repetido que esté, por mucho que algunos se empeñen en buscar el nombre más raro del mundo, siempre habrá alguien más que lo lleve, pero lo que marcará la diferencia será la manera de llevarlo, de marcarlo a fuego en el resto. Y de eso deberás encargarte tú.

Sé que te pelearás con él, quizá algún día me odies por haberlo elegido. Y me preguntes porque tuve que llamarte Noel, entre cientos de nombres que existen. Y te responderé que a veces el convencimiento viene de la nada, sin saber porqué, sin razonamientos lógicos ni momentos precisos. Que un día te levantas y las dudas han desaparecido y ya no quieres pensar más.

Quizá incluso juegues a llamarte de otro modo por ver qué ocurre. Pero entonces te darás cuenta que hay cosas en la vida que están hechas a medida, que no admiten devoluciones. Que con otro nombre no serías tú, que unas cuantas letras son capaces de definir todo lo que somos. Y que ese nombre lo será todo también para los que te aman.

Que hay nombres que son capaces de movilizar masas, remover pasiones, aflorar sentimientos profundos…y pensar que todo eso empezó un buen día como hoy. Cuando unos padres soñaban con la cara aún desconocida de su hijo. Cuando sin saberlo, ya estaban colocando una pieza clave en su futuro.