Ser parte de la historia

Nadie elige ser parte de la historia. Ni siquiera se da cuenta de donde se encuentra hasta que los hechos lo arrollan con toda su gravedad. Tal vez hubiera preferido formar parte de lo cotidiano, sin tener que asumir la responsabilidad del momento. Porque el momento pesa y mucho. Pesa la ruptura de todo aquello que nos mantenía estables, en nuestro lugar. El sentirnos privados de libertad, presos de la distancia y presos de los recuerdos y de ese deseo de normalidad.

Pero ya nada es igual. Nada será igual. La situación nos revuelve por dentro y nunca se vuelve indemne de un desastre.

Después de llevarlo todo al límite, me gusta pensar que nada pasa por casualidad. Que necesitamos adentrarnos en una tormenta para recordar nuestra fragilidad, pero también nuestra voluntad de cambio. El cambio. Quizá sirva para andar más despacio, para apreciar lo que la vida nos da y puede arrebatarnos sin previo aviso.

Nadie elige ser parte de la historia, pero después de decir “yo estuve allí”, uno se da cuenta de lo mucho que aprendió de la catástrofe.

Poesía

Me atrevería a afirmar con seguridad que la poesía es una salvación para aquellos que aún no han encontrado su lugar en el mundo. Aquellos que se sienten náufragos en las aguas agitadas de sus misteriosas entrañas.

Puede incluso abarcar hasta la nada más absoluta, el silencio pesumbroso que se queja y se molesta ante la indiferencia.

Las palabras en su esfuerzo por ahondar y llegar hasta los surcos más profundos de nuestro sentir.

Así como la filosofía nació de la curiosidad y el asombro de los hombres ante el mundo, la poesía es el maravillarse ante las palabras, pudiendo llegar a conectar con un nivel superior que nada tiene que ver con el entendimiento.

Feliz día mundial de la poesía.

Vida

Mi vida no es más que un papel lleno de garabatos. Nunca me gustó poner punto y final a mis propósitos, tal vez por ello me llené de proyectos inacabados.

Si elegía entre dos caminos me parecía estar despreciando el otro lado, y acabé por ir y venir sin control ni destino fijado. Podría haber sucumbido al caos y al devenir perpetuo de los años, mas las pasiones lejos de adormecerse, me acabaron guiando.

Ya no percibo al tiempo como un lastre que me devuelve al pasado.

Llegarás

Llegarás con ese aire nostálgico, como la lluvia cuando ennegrece el cielo. Con ruidosas tormentas poblarás mi caos, creeré que no te necesito, que ya no quiero, que tras las caricias me desvela la confusión, las dudas, el miedo. Entonces súbitamente te encontraré dentro de mi, hurgando en lo desconocido. Entre los recovecos de un espacio solo reservado para mi, y muy lejos de hacerte dueño, reclamarás un pedazo de mi. Vendrás dispuesto a limpiar heridas y sin embargo no te lo pondré fácil porque soy así, inaccesible. Hasta para aquellos que creen que el desorden existe para poder ser feliz. Tal vez mis muros se derrumben y no quede más que la esencia de lo que soy. Tal vez así pueda funcionar.

Libertad

Voy a mirarte de cerca percibiendo el mismo cosquilleo que me hizo detenerme una vez. A nuestro lado, una música nos cantará sobre las desaventuras del amor y nos sentiremos cómplices del mismo mal. No habrá quien nos entienda ni esperaremos que lo hagan y seremos dueños de nuestra vida por propia convicción.

No razonaremos demasiado, la locura e incluso la estupidez regirán lo que nos pida el corazón y estaremos convencidos, por fin, de nuestra libertad.

Nuevos propósitos

Como si empezáramos de cero, emprenderemos nuevos propósitos.

Diremos que sí a todo aunque debamos dejar cosas para después, porque a la predisposición siempre le gana la sensatez de no creer en el destino.

Correremos hacia adelante con la intención de huir de lo que se quedó atrás.

Seremos aquellos inconscientes a los que todo el mundo mira y nadie ve de verdad.

Seremos la espina que se clava y deja una cicatriz difícil de olvidar.

Seremos en un mundo de “quieros y no puedos”, condenados a perderse en soledad.

Y aún así me embarga una ilusión, la misma de cada año que me empuja a soñar…

Parece que ya no

Parece que ya no estamos.

Si nos detuvimos alguna vez, aunque solo nos mirásemos, el ligero recuerdo volatilizó las ganas de volver a intentarlo.

Hay cierta paz en este desánimo,

Una rendición que me permite solapar la tristeza con la fe en el futuro inmediato.

Me auto proclamo vencedora de las batallas que libramos.

Fui conocedora de todos nuestros desastres.

De dar aliento a tus sueños desesperados,

Y sin embargo ahora somos retazos.

Hay cierta paz en este desánimo,

Déjame mirarte sin la congoja de no haber sido lo que esperábamos.

Resurgir

Déjame ser un pedazo de tu historia,

que de alborozo se llenen los días para decir que hemos vivido intensamente.

Que hemos sentido la magia,

un resurgir entre nuestros besos,

un algo etéreo y volátil en el alma al mismo tiempo.

Sin esconder los miedos,

que nos traen recuerdos de otros tiempos,

otros caminos vienen,

parece que otras nubes cubren el cielo.

Ya no quiero más manos que las tuyas.

Y que me lleven lejos.