Instinto de lucha

Los hay que eluden la verdad aparentemente felices. Sin embargo, están recubiertos por una ligera capa de desesperanza y no pueden ocultar la nostalgia que les provoca el espíritu de lucha que se ahogó en la juventud.

Uno no puede ocultar el miedo porque entonces el miedo viene a buscarle, como recordando esa parte de la que está hecho también el hombre. Algunos lo llaman debilidad, otros simple humanidad.

Y es que huir de los obstáculos va en contra de nuestro instinto de supervivencia.

Poesía

Me atrevería a afirmar con seguridad que la poesía es una salvación para aquellos que aún no han encontrado su lugar en el mundo. Aquellos que se sienten náufragos en las aguas agitadas de sus misteriosas entrañas.

Puede incluso abarcar hasta la nada más absoluta, el silencio pesumbroso que se queja y se molesta ante la indiferencia.

Las palabras en su esfuerzo por ahondar y llegar hasta los surcos más profundos de nuestro sentir.

Así como la filosofía nació de la curiosidad y el asombro de los hombres ante el mundo, la poesía es el maravillarse ante las palabras, pudiendo llegar a conectar con un nivel superior que nada tiene que ver con el entendimiento.

Feliz día mundial de la poesía.

Sentimientos

Un sentimiento fluye lentamente, cambia, se modifica, deviene en un letargo inevitable, deja de existir. Puede que reviva algún día, como renacido de repente, sin razón aparente que lo sostenga. No está en tu cabeza, corre libre, tropieza, se enquista en el alma, resta inamovible como esa mancha que no pudiste quitar. Y tiene la condición de algo irrevocable, que sucedió y no llegó a marcharse del todo.

Los sentimientos, aquellos incomprendidos a los que resulta imposible aplicar el sentido común.

Nueva vida

Hay notas discordantes en el aire, una sigilosa espera que rompe la armonía de una tarde cualquiera.

Hay una emoción distinta que la sobrepasa, la tensión casi palpable que provoca la posibilidad de una vida nueva.

Un resquicio de indecisión aparece en un descuido, recordando la rutina apacible llevada hasta ahora. Y le tiemblan las manos de inquietud y por un momento su fortaleza se pierde y se siente una extraña, busca deshacerse de su caprichosa agonía, solo desea sentirse orgullosa de su hazaña.

El tren que se divisa a lo lejos anuncia su llegada. Coge aire y hace acopio de las ilusiones que se malograron con el tiempo y de la dulce inocencia de una niña que soñó con escapar de un futuro impuesto. Ya está, se dice, ya vencí al miedo y se deshace por fin de sus temores absurdos. Y ya no lucha contra ella, ya le pertenece el mundo.

No te busqué

No diré que te busqué y que en un principio no tuve dudas. No me llenaré la boca de mentiras.

No diré que te vi venir, porque las grandes historias se asumen sin conocimiento alguno. Como un sobrecogimiento del corazón, como una verdad absoluta que da miedo reconocer. Como aquella sensación que crece en el pecho y resulta imposible contener.

Tú y yo, fuimos estallido. Yo recogía tus miradas en mi anhelo enfermizo por quererte entender. Y te quería por encima de mis posibilidades, porque me cegaban las ganas de echar a volar, aunque más tarde pudiera caer. Te adoraba por saberme ver, por respetar mis maneras,

Por arder en mi fuego,

Por perder el miedo,

Por olvidar los caminos de vuelta.

Por no esperar nada del amor,

Por no temer que doliera.

No diré que te busqué, pero me llegaste en el momento en que había perdido la fe.

Crecer

 

Lo confieso. A veces me da miedo crecer. Me da miedo tirar hacia adelante, sabiendo que no podré volver hacia atrás. Es una de esas certezas que te escupen en la cara cuando te haces mayor. Te pasas toda la vida deseando tener una edad para poder decidir por ti mismo y cuando llegas a ella te das cuenta de que estás más condicionado de lo que creías. Que el futuro que un día imaginaste no es tan fácil de alcanzar. Y te maldices a ti mismo, por no haber cumplido la promesa de marcharte de casa a los dieciocho.
Me da miedo crecer, por aquello de que a un niño se le perdona todo. Es un hecho irrefutable, todo lo que dicen o hacen se rige por la bondad más absoluta, por tanto, se les concede esa gracia. No saben de nada, pero se les permite hablar de todo. Y si dan una opinión equivocada se les excusa diciendo que les queda mucho por aprender. Cómo no va a dar yuyu cruzar la línea, pierdes toda la impunidad. De repente, toda la paciencia que tenían contigo se desvanece y cae sobre ti la presión de un futuro incierto.

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