Llegarás

Llegarás con ese aire nostálgico, como la lluvia cuando ennegrece el cielo. Con ruidosas tormentas poblarás mi caos, creeré que no te necesito, que ya no quiero, que tras las caricias me desvela la confusión, las dudas, el miedo. Entonces súbitamente te encontraré dentro de mi, hurgando en lo desconocido. Entre los recovecos de un espacio solo reservado para mi, y muy lejos de hacerte dueño, reclamarás un pedazo de mi. Vendrás dispuesto a limpiar heridas y sin embargo no te lo pondré fácil porque soy así, inaccesible. Hasta para aquellos que creen que el desorden existe para poder ser feliz. Tal vez mis muros se derrumben y no quede más que la esencia de lo que soy. Tal vez así pueda funcionar.

Libertad

Voy a mirarte de cerca percibiendo el mismo cosquilleo que me hizo detenerme una vez. A nuestro lado, una música nos cantará sobre las desaventuras del amor y nos sentiremos cómplices del mismo mal. No habrá quien nos entienda ni esperaremos que lo hagan y seremos dueños de nuestra vida por propia convicción.

No razonaremos demasiado, la locura e incluso la estupidez regirán lo que nos pida el corazón y estaremos convencidos, por fin, de nuestra libertad.

Nuevos propósitos

Como si empezáramos de cero, emprenderemos nuevos propósitos.

Diremos que sí a todo aunque debamos dejar cosas para después, porque a la predisposición siempre le gana la sensatez de no creer en el destino.

Correremos hacia adelante con la intención de huir de lo que se quedó atrás.

Seremos aquellos inconscientes a los que todo el mundo mira y nadie ve de verdad.

Seremos la espina que se clava y deja una cicatriz difícil de olvidar.

Seremos en un mundo de “quieros y no puedos”, condenados a perderse en soledad.

Y aún así me embarga una ilusión, la misma de cada año que me empuja a soñar…

Parece que ya no

Parece que ya no estamos.

Si nos detuvimos alguna vez, aunque solo nos mirásemos, el ligero recuerdo volatilizó las ganas de volver a intentarlo.

Hay cierta paz en este desánimo,

Una rendición que me permite solapar la tristeza con la fe en el futuro inmediato.

Me auto proclamo vencedora de las batallas que libramos.

Fui conocedora de todos nuestros desastres.

De dar aliento a tus sueños desesperados,

Y sin embargo ahora somos retazos.

Hay cierta paz en este desánimo,

Déjame mirarte sin la congoja de no haber sido lo que esperábamos.

Literatura

Siempre supe que me salvaría la literatura,

Que entre páginas de mundos ajenos a mi destino,

encontraría consuelo a los agravios del camino.

A veces huyo, busco el olvido,

Y empiezo a imaginar como respuesta al improvisado exilio.

Libero las letras contenidas,

revientan mi silencio,

me recuerdan que estoy viva,

Son el equilibrio dentro del caos que predomina.

Siempre supe que dentro de un buen libro podían encontrarse otras vidas.

Y no hay más soledad que el vacío de una historia que termina.

De un futuro hipotético que por sí solo continúa…

Resurgir

Déjame ser un pedazo de tu historia,

que de alborozo se llenen los días para decir que hemos vivido intensamente.

Que hemos sentido la magia,

un resurgir entre nuestros besos,

un algo etéreo y volátil en el alma al mismo tiempo.

Sin esconder los miedos,

que nos traen recuerdos de otros tiempos,

otros caminos vienen,

parece que otras nubes cubren el cielo.

Ya no quiero más manos que las tuyas.

Y que me lleven lejos.

Felicidades, bebé

Sigo velando tus sueños, aunque nunca supiera cantarte una canción de cuna. De tanto en cuando tatareaba la letra de la primera invención que asomaba a la desesperada, aquellas largas noches en las que luchabas por mantenerte despierto. Tiempo después, me sorprendías recordando las melodías que solo fueron nuestras, como un lenguaje secreto lleno de complicidades.

Aún conservas la mirada pícara y atrevida de quien no ha conocido el miedo. Y te impacientas como si ya supieras que el tiempo ha de robarte la energía y la ilusión.

Así te quiero yo, valiente y libre, para que a tus tres años sigas acumulando innumerables aventuras.

Sentimientos

Un sentimiento fluye lentamente, cambia, se modifica, deviene en un letargo inevitable, deja de existir. Puede que reviva algún día, como renacido de repente, sin razón aparente que lo sostenga. No está en tu cabeza, corre libre, tropieza, se enquista en el alma, resta inamovible como esa mancha que no pudiste quitar. Y tiene la condición de algo irrevocable, que sucedió y no llegó a marcharse del todo.

Los sentimientos, aquellos incomprendidos a los que resulta imposible aplicar el sentido común.