Demasiadas las cosas…

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Quizá fueron demasiadas las cosas que ocurrieron antes de que decidieras marcharte. Tal vez se removieron sentimientos que hicieron imposible una oportunidad. Entre tanta duda se escaparon futuros pasos hacia más allá de lo que fue realmente. Y vino un fin. Y cuando todo acaba, empezar es más tentador que arreglar lo que ya está roto.

Volver hacia atrás nunca estuvo en mis planes. Ni siquiera cuando olvidas algo importante vale la pena arriesgarse. Corría el peligro de empaparme de lo que ya olvidé. Y el olvido duele. El olvido siempre arrastra recuerdos consigo. El olvido marcó el ritmo de los sucesos que me siguieron. Por muy lejos que quisiera correr, ya no era una hoja en blanco. El miedo se encargó de impedir que cometiera otro fallo.

Quizá fueron demasiadas las cosas que nos dijimos. Cuando uno calla, le otorga al otro la sensación de que el final no fue tan agridulce. Pero la verdad pisoteó cada rincón que te tenía reservado. Ni siquiera una sonrisa arrepentida pudo borrar aquella lágrima.

Demasiadas las cosas que compartimos, sin intención de devolverlas a su lugar. Dos corazones deambulan ahora sin saber del cierto quien es su dueño. Sin saber que de una mano a otra poco a poco van perdiendo forma.

Y nos perdimos los dos, sin ánimo de encontrarnos.  Demasiados los lugares para buscarnos, cuando quisimos escondernos de lo que nos hizo daño.

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Búscame

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Búscame, por si queda algún resquicio de lo que fui en el pasado. Lejos y en el olvido quedaron aquellos restos, que ahora se escurren en mi memoria para morir acompañados del tiempo. El tiempo se encargó de moldearme a su antojo. El tiempo rompió las manecillas de mi reloj y se detuvo después de que perdiera el tren que me llevaba de vuelta.

Búscame y veras que no existo. Que borré todo lo que me recordaba a ti, y contigo se fue una parte de mi misma. Que hasta los segundos que se detenían para dejar que nos besáramos se preguntan cómo pudo desaparecer nuestra historia. Y es que hay amores que calan, pero no lo suficiente para dejar una herida.

Y a pesar de ello, si me buscas, no podrás encontrarme. Tu presencia efímera me llevo por caminos recónditos. Me enseñaste a digerir con rapidez la amargura que dejan los finales tristes. Me enseñaste que los príncipes azules solo viven en los cuentos y que el amor de verdad no entiende de requerimientos. Ni de altos, rubios o morenos. Que a veces hasta te enamoras de la “rana” y lo darías todo por ella.

Búscame, y te darás cuenta que nunca estuvo bien remover el pasado. Que lo que ocurrió no puede tocarse aunque nos dejara una huella de arrepentimiento. Que no hay nada que se marche sin que nadie lo llore. Y poco importa ahora quien sufriera más de los dos.
Aunque si no quieres no me busques más. Si nuestros ojos se encontraran quizá nos daríamos cuenta que jamás pudo funcionar. Quizá la envidia de nuestras nuevas vidas se sume al rencor de lo que no pudo ser. Y es que el tiempo desgastó la imagen impoluta que tenía de los dos.

Tu nombre

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Tu nombre forma parte de una de las decisiones más importantes que he tomado. No es solo una decisión. Es parte de la identidad que te acompañará siempre. Parte de la personalidad que construyas a medida que vayas creciendo, que dará fuerza a algunos aspectos de ti mismo. Que hará de ti alguien único y especial. Por muy repetido que esté, por mucho que algunos se empeñen en buscar el nombre más raro del mundo, siempre habrá alguien más que lo lleve, pero lo que marcará la diferencia será la manera de llevarlo, de marcarlo a fuego en el resto. Y de eso deberás encargarte tú.

Sé que te pelearás con él, quizá algún día me odies por haberlo elegido. Y me preguntes porque tuve que llamarte Noel, entre cientos de nombres que existen. Y te responderé que a veces el convencimiento viene de la nada, sin saber porqué, sin razonamientos lógicos ni momentos precisos. Que un día te levantas y las dudas han desaparecido y ya no quieres pensar más.

Quizá incluso juegues a llamarte de otro modo por ver qué ocurre. Pero entonces te darás cuenta que hay cosas en la vida que están hechas a medida, que no admiten devoluciones. Que con otro nombre no serías tú, que unas cuantas letras son capaces de definir todo lo que somos. Y que ese nombre lo será todo también para los que te aman.

Que hay nombres que son capaces de movilizar masas, remover pasiones, aflorar sentimientos profundos…y pensar que todo eso empezó un buen día como hoy. Cuando unos padres soñaban con la cara aún desconocida de su hijo. Cuando sin saberlo, ya estaban colocando una pieza clave en su futuro.

Confianza ciega

kVEPcWcfSA2tgOpRz9Za__DSC0765No me importa nadar contra corriente si sé que al otro lado hay algo. Aunque después el mundo se me eche encima, quién manda es el corazón.  Aunque después de cincuenta mil batallas, los cobardes se hayan esfumado y me quede sola. Es en esos momentos cuando desaparecen las máscaras y los escudos y veo el alma de quien tengo al lado. Es entonces cuando después de haberte dicho que te vayas, sin ganas de que te fueras, solo por cabezonería… tú sigues aquí. Hay caminos que se recorren en solitario, pero saber que permaneces cerca para recogerme es alentador.

Es alentador verte todos los días y descubrir que no te fuiste. Que a pesar de poder elegir preferiste mantenerte en este lugar. A pesar de los días monótonos, de que los años hayan desgastado el ingenio para nuevas bromas y nos riamos de las mismas cosas sin la misma gracia. Lo realmente bonito, es que nos sabe igual.
Y seguimos andando en la misma dirección pero lo hacemos juntos. Y esa ínfima diferencia hace de toda nuestra vida algo especial. Supongo que el secreto para saber si es la persona adecuada es mirar hacia atrás e intentar imaginarte sin ella. A mí me resulta del todo imposible.

Y ahora que todo va a cambiar, que quizá sea demasiado, que en cada nuevo día los retos intenten hacer de nosotros nuevas personas…tengo la certeza de que ninguno de los dos huirá. Aunque sea más fácil ceder y rendirse, el peso de la lealtad será motivo suficiente.

No me importa que nuestro amor haya cambiado con los años mientras permanezca intacto. Aprendí que la emoción de los primeros momentos solo dura lo estrictamente necesario para lograr que nos enamoremos, que después ese sentimiento madura y crece para transformarse en algo más grande y más complicado. Algo que todos nos empeñamos a llamar amor y es del todo inclasificable. Un sentimiento sin nombre que de nuevo me pide confianza ciega.

No te rindas

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Hoy vengo aquí a decirte que los sueños se cumplen.

Seguro que te has imaginado cientos de veces que se hacían realidad, porque al fin y al cabo tenían una mínima posibilidad de conseguirlo. Y aún así, la desazón se zampaba esa esperanza. El tiempo siempre corre en nuestra contra. Pero seguías soñando.

Odiabas a todo aquel que se llenaba la boca diciendo que la perseverancia es el camino. En el fondo, tenían razón. Y no hay nada que joda más que el esfuerzo, no estamos acostumbrados a ello. Porque los sueños están hechos para ilusionarnos, para darnos una motivación en la vida. Pero también para hacernos sufrir, sudar y llorar. Para enfadarnos con el mundo cuando no se cumplen y tirar la toalla cuando la dificultad nos supera con creces.

Hoy vengo a decirte que he batallado conmigo misma durante años por mis sueños y que por fin he logrado alcanzarlos. Que he volado lejos del suelo a pesar de que muchos intentaban mantenerme en mi lugar. Que he caído. Tantas, tantas veces…pero ese recuerdo se borra al instante cuando tocas con tus manos lo que deseas. Y no existen los sueños increíbles que te lo dan todo de una vez. Existen los “paso a paso” y las puertas que se abren para dejarte pasar si demuestras lo que vales.

Aunque aún no vean la luz, están cerca. Ya tienen fecha de salida. Y estoy aquí. A dos metros de la meta. Déjame que el recorrido que me queda lo haga disfrutando y regodeándome en mi alegría.

Así que si eres de los que aún batallas, hazme un favor, no te rindas. Tú también llegarás algún día.

Como la primera vez

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Encontré bajo los escombros una parte de mi vida que te perteneció. Te recordé tal como eras entonces, el epicentro de un mundo que no se correspondía con la realidad. Todo era tan perfecto que cuando la lucidez me alumbraba casi dudaba de ese amor. Pero no resultaba complicado volver a ponerse la venda. Todo lo hacías brillar. Por eso cuando te fuiste me quedé a oscuras. Tropecé mil veces antes de volver a encontrarme.

Yo siempre te buscaba a ti. No me paraba en otros ojos que no fueran los que me gritaran amor con solo mirarlos. Y aquella sonrisa que me recordaba a los múltiples despertares contemplando el alba. Siempre me refugiaba tras los rincones que olieran a nosotros. Rescatando algún resquicio del pasado que habíamos sido. Me cobijaba bajo montañas de recuerdos que se escabullían cuando el tiempo los reclamaba. Me encogía en mi burbuja esperando que el olvido te sacara de allí.

Y así hasta que dejó de doler.  Así hasta que pude contemplar mis cicatrices sin esforzarme en no llorar. Poco a poco volví a respirar sin esfuerzo. A caminar sin que la inercia hiciera todo el trabajo.  A pesar de que todas las canciones me decían que después de ti no había nada, yo mantenía la esperanza. Sabía que vendrían otros que harían de ti un lejano recuerdo. Que volverían a romper la barrera. Porque por muy duro que nos golpeen a veces, la confianza se regenera. Vuelves a creer, aunque con cierta reticencia, lo haces. El amor es capaz de eliminar de tu memoria el sufrimiento para que vuelvas a enamorarte como la primera vez.

Huele a primavera

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Huele a primavera.

A campo florecido, a caminatas bajo el sol que ya quema. A dejarme llevar hacia el horizonte de un mar que resta en calma.

Huele a barbacoas hasta altas horas de la noche. A esos chaparrones que vienen sin avisar y lo refrescan todo lo suficiente para que vuelva a coger la chaqueta.  A los divertidos contrastes de vestuario por parte de los que se mueren de ganas de respirar el verano y los que recelan de salir del invierno.

Huele a mi ciudad colorida rindiendo homenaje a las flores. A monumentos cubiertos de figuras extravagantes que reflejan el arte que aún no puedo entender.  A calles abarrotadas de gente buscando sitio en alguna terraza para tomar la primera cerveza de la temporada.

A los mismo días de ayer que logro hacer cada vez más largos con la sensación de que mi reloj corre más lento, o quizá logre optimizar las horas y aprender a no desesperarme.

Huele a nosotros maravillados por cómo pasa el tiempo.  A la semilla que crece en mi interior que nos permite soñar despiertos. A las risas que dan vida a nuestro jardín y se preparan para acoger nuestras noches a la fresca.

Huele a primavera. A vida, a luz, a la calidez que me llena de felicidad. A primaveras que seguirán volviendo pero ya no me encontrarán en el mismo sitio. Porque la vida me pide no estarme quieta, aunque haga las mismas cosas por dentro sigo evolucionando. Son mis sueños los que vuelan por mí y me llevan lejos. Son otros ojos los que ven florecerlo todo hoy. Otro color el que percibo en el cielo, otras metas las que me esperan en el camino.

Al fin y al cabo, hacer de tu mundo algo nuevo está en tus manos.