Ya no sé…

Ya no sé si empiezo o acabo,

siempre creí que los finales

condicionan demasiado el futuro

de una historia.

Ya no quiero buscar esperanzas

ni que nadie me haga parte

de su solución.

Quiero volver a mirarme ajena

al mundo, aunque luego, no sepa

cómo volver.

Ya no quiero esperar a que

me cure el tiempo.

Instinto de lucha

Los hay que eluden la verdad aparentemente felices. Sin embargo, están recubiertos por una ligera capa de desesperanza y no pueden ocultar la nostalgia que les provoca el espíritu de lucha que se ahogó en la juventud.

Uno no puede ocultar el miedo porque entonces el miedo viene a buscarle, como recordando esa parte de la que está hecho también el hombre. Algunos lo llaman debilidad, otros simple humanidad.

Y es que huir de los obstáculos va en contra de nuestro instinto de supervivencia.

Ser parte de la historia

Nadie elige ser parte de la historia. Ni siquiera se da cuenta de donde se encuentra hasta que los hechos lo arrollan con toda su gravedad. Tal vez hubiera preferido formar parte de lo cotidiano, sin tener que asumir la responsabilidad del momento. Porque el momento pesa y mucho. Pesa la ruptura de todo aquello que nos mantenía estables, en nuestro lugar. El sentirnos privados de libertad, presos de la distancia y presos de los recuerdos y de ese deseo de normalidad.

Pero ya nada es igual. Nada será igual. La situación nos revuelve por dentro y nunca se vuelve indemne de un desastre.

Después de llevarlo todo al límite, me gusta pensar que nada pasa por casualidad. Que necesitamos adentrarnos en una tormenta para recordar nuestra fragilidad, pero también nuestra voluntad de cambio. El cambio. Quizá sirva para andar más despacio, para apreciar lo que la vida nos da y puede arrebatarnos sin previo aviso.

Nadie elige ser parte de la historia, pero después de decir “yo estuve allí”, uno se da cuenta de lo mucho que aprendió de la catástrofe.

Aunque tú no lo sepas

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo…

Luis García Montero

Aunque tú no lo sepas,

tuve miedo de encontrarte,

de adentrarme en tus tormentas,

de ser parte de la duda que reinvindicaba una tregua,

de conocer demasiado bien las adversidades que intentaron derruirte.

Sin quererlo te idealicé,

a fuerza de ilusiones y de esperas,

del deseo de convertir la irrealidad de mi ficción en la razón de mi existencia.

Aunque tú no lo sepas,

aprendí a volar huyendo de mis propias guerras,

combatiendo a golpe de soledad mis innumerables incertezas.

Tal vez no quise buscarte

para no reconocerte en mis cicatrices,

olvidando en ellas la parte de mi que tú conociste.

Poesía

Me atrevería a afirmar con seguridad que la poesía es una salvación para aquellos que aún no han encontrado su lugar en el mundo. Aquellos que se sienten náufragos en las aguas agitadas de sus misteriosas entrañas.

Puede incluso abarcar hasta la nada más absoluta, el silencio pesumbroso que se queja y se molesta ante la indiferencia.

Las palabras en su esfuerzo por ahondar y llegar hasta los surcos más profundos de nuestro sentir.

Así como la filosofía nació de la curiosidad y el asombro de los hombres ante el mundo, la poesía es el maravillarse ante las palabras, pudiendo llegar a conectar con un nivel superior que nada tiene que ver con el entendimiento.

Feliz día mundial de la poesía.

Perdóname

Perdóname por ir así buscándote tan torpemente… (Pedro Salinas)

Perdóname si te recuerdo,

si me dejo marchitar en esta esquina,

si de penas le hablo al viento,

si en los silencios me parece escuchar tu risa.

Si no consigo llenar los vacíos,

y tu ausencia grita más alto que mi propia vida.

Perdóname si ahora estoy hecha de pedazos,

si no me cosí las heridas,

si aún me parece estar soñando,

si me evado entre la melancolía.

Y sin embargo si te encuentro,

si coincidimos en esta esquina,

fingiré que no me dueles.

que ya olvidé que existías.

Silencios (1a parte)

Voy a colmar de historias todos nuestros silencios. Me inventaré que vienes a buscarme de improviso, como en aquellas tardes de lluvia refugiados en un buen café. Olvidaré por un momento que te he escrito y que entre líneas derramé la poca fe que quedaba en mi.

No quiero que hables más de la cuenta, que te ahogues entre palabras que no me dieron tregua ni una sola vez. A veces las cubrías de tanta tristeza, que me parecía estar llorando versos de alguien que nunca supe quien fue.

¿Te vestiste de perfecto caballero?

Quizá la inocencia nos sorprendió a los dos y nos sujetemos con fuerza la máscara para no caer rendidos al amor.

Vida

Mi vida no es más que un papel lleno de garabatos. Nunca me gustó poner punto y final a mis propósitos, tal vez por ello me llené de proyectos inacabados.

Si elegía entre dos caminos me parecía estar despreciando el otro lado, y acabé por ir y venir sin control ni destino fijado. Podría haber sucumbido al caos y al devenir perpetuo de los años, mas las pasiones lejos de adormecerse, me acabaron guiando.

Ya no percibo al tiempo como un lastre que me devuelve al pasado.