Perdóname

Perdóname por ir así buscándote tan torpemente… (Pedro Salinas)

Perdóname si te recuerdo,

si me dejo marchitar en esta esquina,

si de penas le hablo al viento,

si en los silencios me parece escuchar tu risa.

Si no consigo llenar los vacíos,

y tu ausencia grita más alto que mi propia vida.

Perdóname si ahora estoy hecha de pedazos,

si no me cosí las heridas,

si aún me parece estar soñando,

si me evado entre la melancolía.

Y sin embargo si te encuentro,

si coincidimos en esta esquina,

fingiré que no me dueles.

que ya olvidé que existías.

Literatura

Siempre supe que me salvaría la literatura,

Que entre páginas de mundos ajenos a mi destino,

encontraría consuelo a los agravios del camino.

A veces huyo, busco el olvido,

Y empiezo a imaginar como respuesta al improvisado exilio.

Libero las letras contenidas,

revientan mi silencio,

me recuerdan que estoy viva,

Son el equilibrio dentro del caos que predomina.

Siempre supe que dentro de un buen libro podían encontrarse otras vidas.

Y no hay más soledad que el vacío de una historia que termina.

De un futuro hipotético que por sí solo continúa…

Sueños irrealizables

Se aprecia con dificultad, como una pluma diminuta revoloteando a lo lejos, un halo de luz, un algo incompleto, ligero como el viento—pesado en la memoria—y cae desmadejado al suelo. Y yo lo recojo con manos delicadas, las mismas que no supieron sujetarlo con fuerza para que no echara a volar. Aún recuerdo su huida, su descomposición en el horizonte como si se fundiera en la nada y dejara de existir. Así son los anhelos, los irrealizables. Un espejismo de lo que pudo ser, una mancha en el ayer, un deleite frustrado. Y sin embargo, está pero no se ve. Es mi recuerdo indeleble y se aferra a la niña que fui. A veces creo que sigo siendo la niña, que la niña engulle a la mujer, que no puedo crecer. Quizá sea eso, la madurez me incomoda, es una trituradora de sueños, una irracionalidad que justificamos de la mano de las responsabilidades. Yo lo veo en la cara de los niños, miran a los adultos con cierto escepticismo, con extrañeza ante cada acto que proyectamos y que despunta en su naturalidad infantil. Y preguntan sin miedo y sin pudor ¿por qué? Y siempre por qué esto y por qué lo otro. En su mentalidad aún no se han instalado los parámetros que les marcaran el camino. Solo viven desde el beneficio que se les concede porque son niños. Y yo los miro y me río y apruebo su locura. No han encontrado su lugar en el mundo y no obstante, no se sienten perdidos. Son libres.

Yo sigo dejando escapar sueños, tengo demasiadas obligaciones.

Increíblemente tú

Perdió el control de su vida y se armó una coraza impenetrable que creía que jamás nadie podría traspasar.

Un conflicto familiar la obligó a desencadenarse de aquello que conocía y la hacía sentir segura, y a perseguir un sueño que pareció estancarse cuando todo se derrumbaba.

Una relación tormentosa marcó su pasado y la sigue persiguiendo a día de hoy.

Pero todo puede dar un giro inesperado.

¿Te animas a conocer la historia de Nayra?

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19 de Noviembre a la venta.

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Por quién doblan las campanas

Creo que no hace falta decir que leer es una gran fuente de inspiración. En esos días en que el bloqueo decide hacer acto de presencia, me encomiendo a un libro e intento liberar la mente. Leo todo tipo de géneros, buenos o malos, no importa. De todos ellos siempre se puede sacar algo útil. Pero hasta hace poco no me había interesado verdaderamente por los clásicos, me negaba a salir de la línea romanticona/juvenil a la que estoy acostumbrada. Fue toda una sorpresa descubrir que no solo me inspiraban sino que podía aprender muchísimo de ellos. Me considero una devoradora de libros, cuando empiezo no puedo parar pero con los clásicos aprendí a ir despacio para analizarlos detenidamente.Hoy quiero dedicar un post a “Por quién doblan las campanas” de Ernest Hemingway.

Narra la historia de Robert Jordan, un soldado americano especialista en explosivos, que lucha del lado de los republicanos en la guerra civil española. Cuando se dirige a las montañas para volar un puente buscando la ayuda de los milicianos que se esconden allí, conoce a María, una joven que ha tenido una mala experiencia con los fascistas y de la que se enamora al instante. El libro gira entorno a los tres días que tienen para organizar la voladura del puente, y en los que Roberto y María viven su historia de amor intensamente, como si no hubiera un mañana.
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