¿Para qué tanto huir de la locura?

¿Que tiene la locura que genera tanto pavor? La diferencia que reluce entre tanto igual y se le señala para que lo devore la crítica. Hoy ya nadie quiere salirse de los parámetros de la normalidad, se asientan en sus principios vacuos y se construyen un sitio donde habitar, sin riesgos.

Pero la seguridad también entraña peligro, corre uno el riesgo de quedarse como esperando a que la vida transcurra con cierta calma, sin sobresaltos que nos obliguen a salir de ese confortable lugar. Y ahí se traga con menos resistencia la utopia de la felicidad. La estabilidad como síntoma inequívoco de una vida plena, la acaparadora rutina, el rendirse al materialismo, el futuro inminente del que solo se pretende atesorar más de lo que ya se tiene. Y así avanzamos, con sueños poco realizables a las espaldas y con la ansiedad de un tiempo que se nos escapa.

¿Para qué tanto huir de la locura?

Si en esos trazos de nuestro día a día carentes de guión encontramos más regocijo.

Si la felicidad es un estado intermitente, el vestigio de aquellos momentos deliciosos que no se repetirán jamás. Y el saberse entendedor de esta premisa, nos libera de la absurda presión de la búsqueda, del anhelo de otras vidas mejores a la nuestra. Ahí precisamente es donde podemos reírnos de los convencionalismos y sacudirnos las dudas.

Por favor, un poco de locura.

Que vengas despacio…

Que vengas despacio y me sonrías como quién no entiende de dolor. Como quién no espera más de la vida que caminar juntos en una misma dirección.

Que ya comprendimos que la libertad es nuestra, aunque ahora seamos dos. No hay vidas contrapuestas si se abandona el miedo y se habla de amor. Ni esperas inciertas, ni dudas que nos obligan a decir no.

Y sin embargo, aún me sorprende que me mires con la misma devoción, que recuerdes los inicios torpes, la misma calle desgastada por el tiempo y aquella canción. Que sigas besándome en la frente en los días que no me siento yo y no te averguences nunca de pedir perdón, porque tus errores siempre te hicieron fuerte, como quién aprovecha la herida para volverse a amar de valor.

Qué vengas despacio y…en tu boca salve las distancias que creó mi indecisión.

Valiente

Empiezo a preferir la pérdida, a vivir anclada en el camino. A ser un cuerpo deambulante, al que no le importa no sentirse en casa. Será que el hogar lo construyen las emociones que llevo a cuestas, que no hay más seguridad que saber quién soy y sentirme a gusto. Nada más valioso como el recuerdo de todo aquello que me dolió y que me hizo fuerte. Nada más importante que mantener el vuelo sin temer estrellarme. A nadar contracorriente, a escapar de la jaula y atreverme a ser valiente.

Me gustaba…

Me gustaba que entendieras mis silencios.

Que no necesitaras buscar significado a los momentos que compartíamos,

que fuéramos sin preocuparnos por lo que podíamos llegar a ser.

Que me quisieras libre para perseguir mis sueños e hicieras nuestros mis propios logros.

Me gustaba tu risa, tu alegría, tu manera de ver la vida, tus manías, tu rabia contenida ante las injusticias.

Me gustabas tú y todas las versiones posteriores que te hicieron madurar con el tiempo.

Me gustabas lo suficiente para dejarte ir cuando dejamos de comprendernos.

Más aquí: @aidaramosrodri

Dedicado a ti

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Hoy quiero dedicarte unas palabras bonitas de esas que me regalas tú todos los días. No porque te las merezcas, aunque sabes que sí, porque sueles ganarme siempre.

Solo tú eres capaz de irrumpir en mi remanso de paz y proclamarlo tuyo, robarme mi tiempo con injusta perspicacia, intentar ahogarme con un abrazo e insuflarme libertad. Porque por raro que parezca, a pesar de sentirme ligada a ti en todos los sentidos, me siento libre, me siento que vuelo, pero con una mano que empuja y es la tuya.

Aunque a veces seas odioso o no me apetezca quererte tanto y cargar con este amor agotador. Que también lo es. Sobretodo porque yo soy incapaz de aceptarlo y ya está. Yo le doy vueltas, busco razones, me pregunto porque mil veces. Soy todo lo contrario a ti, que vas por la vida como si te la hubieran hecho a medida.

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