No nos hemos rendido

Recuerdo cuando éramos jóvenes y aún mirábamos al mundo como si nos perteneciera. Habia cierta indulgencia que nos embriagaba, que nos empujaba a persistir aunque ya estuviera perdido. Era esa dulce esperanza, la ferviente creencia de que algo grandioso nos aguardaba.

Fueron los fracasos que encallecieron nuestros sueños. Allí donde una vez hubo luz, hoy solo queda una tenue ilusión que se nos mezcla con la nostalgia.

No nos hemos rendido, solo hemos aprendido a ser felices y esperar el momento oportuno.

A no dejar que el tiempo nos envejezca el espíritu.