Perdóname

Perdóname por ir así buscándote tan torpemente… (Pedro Salinas)

Perdóname si te recuerdo,

si me dejo marchitar en esta esquina,

si de penas le hablo al viento,

si en los silencios me parece escuchar tu risa.

Si no consigo llenar los vacíos,

y tu ausencia grita más alto que mi propia vida.

Perdóname si ahora estoy hecha de pedazos,

si no me cosí las heridas,

si aún me parece estar soñando,

si me evado entre la melancolía.

Y sin embargo si te encuentro,

si coincidimos en esta esquina,

fingiré que no me dueles.

que ya olvidé que existías.

Libertad

Voy a mirarte de cerca percibiendo el mismo cosquilleo que me hizo detenerme una vez. A nuestro lado, una música nos cantará sobre las desaventuras del amor y nos sentiremos cómplices del mismo mal. No habrá quien nos entienda ni esperaremos que lo hagan y seremos dueños de nuestra vida por propia convicción.

No razonaremos demasiado, la locura e incluso la estupidez regirán lo que nos pida el corazón y estaremos convencidos, por fin, de nuestra libertad.

Nuevos propósitos

Como si empezáramos de cero, emprenderemos nuevos propósitos.

Diremos que sí a todo aunque debamos dejar cosas para después, porque a la predisposición siempre le gana la sensatez de no creer en el destino.

Correremos hacia adelante con la intención de huir de lo que se quedó atrás.

Seremos aquellos inconscientes a los que todo el mundo mira y nadie ve de verdad.

Seremos la espina que se clava y deja una cicatriz difícil de olvidar.

Seremos en un mundo de “quieros y no puedos”, condenados a perderse en soledad.

Y aún así me embarga una ilusión, la misma de cada año que me empuja a soñar…

Nueva vida

Hay notas discordantes en el aire, una sigilosa espera que rompe la armonía de una tarde cualquiera.

Hay una emoción distinta que la sobrepasa, la tensión casi palpable que provoca la posibilidad de una vida nueva.

Un resquicio de indecisión aparece en un descuido, recordando la rutina apacible llevada hasta ahora. Y le tiemblan las manos de inquietud y por un momento su fortaleza se pierde y se siente una extraña, busca deshacerse de su caprichosa agonía, solo desea sentirse orgullosa de su hazaña.

El tren que se divisa a lo lejos anuncia su llegada. Coge aire y hace acopio de las ilusiones que se malograron con el tiempo y de la dulce inocencia de una niña que soñó con escapar de un futuro impuesto. Ya está, se dice, ya vencí al miedo y se deshace por fin de sus temores absurdos. Y ya no lucha contra ella, ya le pertenece el mundo.

Valiente

Empiezo a preferir la pérdida, a vivir anclada en el camino. A ser un cuerpo deambulante, al que no le importa no sentirse en casa. Será que el hogar lo construyen las emociones que llevo a cuestas, que no hay más seguridad que saber quién soy y sentirme a gusto. Nada más valioso como el recuerdo de todo aquello que me dolió y que me hizo fuerte. Nada más importante que mantener el vuelo sin temer estrellarme. A nadar contracorriente, a escapar de la jaula y atreverme a ser valiente.

Empezar

No hay palabras que retengan el deseo de estallar cuando, tras abandonarnos a los sentimientos, fluimos como el viento que nos da en la cara. El silencio es una melodía maravillosa que nos acompaña,

Arañas ese recoveco acorazado. Me dejo hacer. Derrumbas temores infundados. Hay días, horas y momentos que huyen de la precisión del tiempo, se difuminan en tu compañía y es entonces cuando no entiendo de pasados que pesan, ni futuros que desean reconstruir.

Empezar. Es la única premisa que resuena. Y confiamos como si fuera la primera vez.

Lo más bonito

Reírme de mí misma en esos momentos en que me sobreviene el miedo. Respirar, contar hasta tres y pensar que no puedo dar más de lo que debo. Y sin embargo, tras varios intentos, me recuerdo que tú formas parte de lo más bonito que tengo. Que no es sano razonar sentimientos, el corazón elige y a mi me basta una sonrisa para revolverme por dentro.

Y quizá algún día me rompas sin quererlo, pero yo prometo quedarme con esos instantes en los que creímos ser eternos.

Si me siento lejos de mi misma, ahogada en la irremediable idiotez humana, como quién buscar hundirse en la nada, es en esos momentos cuando escribir es lo único que me salva, cuando vacía de respuestas me lamento de todo lo que no dije. De todo aquello que murió vacilante en mi boca. Y entonces me quedo extrañamente silenciada. Tú me miras y en tus ojos puedo encontrar cierta esperanza. Me devoras la tristeza en las horas en que más frágil me siento.

Y ya no hay penas ni remordimientos. Solo somos dos cuerpos huyendo del paso del tiempo.

Cuántas veces…

Cuántas veces nos rompimos sin querer, y por orgullo no quisimos arreglarnos.

Cuántas veces me pediste tiempo, sabiendo que lo pasado, pasado está, es irrecuperable, se convierte en recuerdo.

Cuántas melodias cantadas al unísono se nos volvieron tristes por el miedo atroz a decir te quiero.

Se nos fue la oportunidad entre un te espero incierto.

Para amar, nos hubiera bastado confiar en nuestros sentimientos.

Dejemos de ser y de sentir por buscar ese alguien que nos hiciera completos. Buscábamos una parte que siempre estuvo en nosotros y no queríamos verlo. Que el amor no es eso. Que es compartir con el otro nuestros sueños. Lástima que tuviéramos que alejarnos para comprenderlo.