Poesía

Me atrevería a afirmar con seguridad que la poesía es una salvación para aquellos que aún no han encontrado su lugar en el mundo. Aquellos que se sienten náufragos en las aguas agitadas de sus misteriosas entrañas.

Puede incluso abarcar hasta la nada más absoluta, el silencio pesumbroso que se queja y se molesta ante la indiferencia.

Las palabras en su esfuerzo por ahondar y llegar hasta los surcos más profundos de nuestro sentir.

Así como la filosofía nació de la curiosidad y el asombro de los hombres ante el mundo, la poesía es el maravillarse ante las palabras, pudiendo llegar a conectar con un nivel superior que nada tiene que ver con el entendimiento.

Feliz día mundial de la poesía.

Perdóname

Perdóname por ir así buscándote tan torpemente… (Pedro Salinas)

Perdóname si te recuerdo,

si me dejo marchitar en esta esquina,

si de penas le hablo al viento,

si en los silencios me parece escuchar tu risa.

Si no consigo llenar los vacíos,

y tu ausencia grita más alto que mi propia vida.

Perdóname si ahora estoy hecha de pedazos,

si no me cosí las heridas,

si aún me parece estar soñando,

si me evado entre la melancolía.

Y sin embargo si te encuentro,

si coincidimos en esta esquina,

fingiré que no me dueles.

que ya olvidé que existías.

Silencios (1a parte)

Voy a colmar de historias todos nuestros silencios. Me inventaré que vienes a buscarme de improviso, como en aquellas tardes de lluvia refugiados en un buen café. Olvidaré por un momento que te he escrito y que entre líneas derramé la poca fe que quedaba en mi.

No quiero que hables más de la cuenta, que te ahogues entre palabras que no me dieron tregua ni una sola vez. A veces las cubrías de tanta tristeza, que me parecía estar llorando versos de alguien que nunca supe quien fue.

¿Te vestiste de perfecto caballero?

Quizá la inocencia nos sorprendió a los dos y nos sujetemos con fuerza la máscara para no caer rendidos al amor.

Vida

Mi vida no es más que un papel lleno de garabatos. Nunca me gustó poner punto y final a mis propósitos, tal vez por ello me llené de proyectos inacabados.

Si elegía entre dos caminos me parecía estar despreciando el otro lado, y acabé por ir y venir sin control ni destino fijado. Podría haber sucumbido al caos y al devenir perpetuo de los años, mas las pasiones lejos de adormecerse, me acabaron guiando.

Ya no percibo al tiempo como un lastre que me devuelve al pasado.

Resurgir

Déjame ser un pedazo de tu historia,

que de alborozo se llenen los días para decir que hemos vivido intensamente.

Que hemos sentido la magia,

un resurgir entre nuestros besos,

un algo etéreo y volátil en el alma al mismo tiempo.

Sin esconder los miedos,

que nos traen recuerdos de otros tiempos,

otros caminos vienen,

parece que otras nubes cubren el cielo.

Ya no quiero más manos que las tuyas.

Y que me lleven lejos.

Sentimientos

Un sentimiento fluye lentamente, cambia, se modifica, deviene en un letargo inevitable, deja de existir. Puede que reviva algún día, como renacido de repente, sin razón aparente que lo sostenga. No está en tu cabeza, corre libre, tropieza, se enquista en el alma, resta inamovible como esa mancha que no pudiste quitar. Y tiene la condición de algo irrevocable, que sucedió y no llegó a marcharse del todo.

Los sentimientos, aquellos incomprendidos a los que resulta imposible aplicar el sentido común.

Sueños irrealizables

Se aprecia con dificultad, como una pluma diminuta revoloteando a lo lejos, un halo de luz, un algo incompleto, ligero como el viento—pesado en la memoria—y cae desmadejado al suelo. Y yo lo recojo con manos delicadas, las mismas que no supieron sujetarlo con fuerza para que no echara a volar. Aún recuerdo su huida, su descomposición en el horizonte como si se fundiera en la nada y dejara de existir. Así son los anhelos, los irrealizables. Un espejismo de lo que pudo ser, una mancha en el ayer, un deleite frustrado. Y sin embargo, está pero no se ve. Es mi recuerdo indeleble y se aferra a la niña que fui. A veces creo que sigo siendo la niña, que la niña engulle a la mujer, que no puedo crecer. Quizá sea eso, la madurez me incomoda, es una trituradora de sueños, una irracionalidad que justificamos de la mano de las responsabilidades. Yo lo veo en la cara de los niños, miran a los adultos con cierto escepticismo, con extrañeza ante cada acto que proyectamos y que despunta en su naturalidad infantil. Y preguntan sin miedo y sin pudor ¿por qué? Y siempre por qué esto y por qué lo otro. En su mentalidad aún no se han instalado los parámetros que les marcaran el camino. Solo viven desde el beneficio que se les concede porque son niños. Y yo los miro y me río y apruebo su locura. No han encontrado su lugar en el mundo y no obstante, no se sienten perdidos. Son libres.

Yo sigo dejando escapar sueños, tengo demasiadas obligaciones.

El pasado

Más tarde o más temprano nos volvemos obsesos del pasado, nos enrolamos en su nostálgica melodía, como procurando dar sentido a una vida desprovista de emociones. Preguntamos sin esperar que nos responda, solo por el placer de hacer de esas preguntas la herencia que nos dejó el tiempo, muchas veces plagado de deudas. Somos incapaces de ignorar la insistencia con la que las vivencias reclaman su lugar, el sutil bailoteo de recuerdos que alborotan una tediosa existencia.

Miramos con amargura el presente, el lugar que ocupamos y del que aún no sabemos con certeza si lo elegimos o nos vino de la mano del conformismo. Inventamos la manera de resarcirnos de nuestros fracasos y nos encomendamos a la suerte, como si de ella dependieran nuestros sueños. Y hay cierto regocijo en el descontento provocado por todas las metas que se nos quedaron a medias, un rencor latente por la persona que fuimos y no cumplió nuestras expectativas, una intención que no se ha diluido y que nos empuja a intentarlo de nuevo.

Somos obsesos del pasado que buscan reconciliarse con la ilusión que nos abandonó demasiado pronto.

Nuevo rumbo

Voy a marcar un nuevo rumbo, esta vez lo haré con los ojos cerrados. No buscaré nada, solo por demostrar a los demás que puedo hacerlo. No olvidaré nunca mis principios, ni mis sueños. A pesar de que hubo un tiempo en que renegué de ellos por no saber encontrarme.

Voy a ser feliz a mi manera aunque nadie me entienda. Quizá a ratos me duela y el convencimiento me abandone y aparezcan mis fantasmas para recordarme derrotas pasadas. Y sin embargo no permitiré que me cubran de dudas. Voy a ser completamente contradictoria, solo yo comprenderé mis rarezas. Tal vez te parezca que doy pasos en falsos pero solo estoy sumando experiencias.

¿Y si probamos a tomar el control de nuestra vida?