Silencios (1a parte)

Voy a colmar de historias todos nuestros silencios. Me inventaré que vienes a buscarme de improviso, como en aquellas tardes de lluvia refugiados en un buen café. Olvidaré por un momento que te he escrito y que entre líneas derramé la poca fe que quedaba en mi.

No quiero que hables más de la cuenta, que te ahogues entre palabras que no me dieron tregua ni una sola vez. A veces las cubrías de tanta tristeza, que me parecía estar llorando versos de alguien que nunca supe quien fue.

¿Te vestiste de perfecto caballero?

Quizá la inocencia nos sorprendió a los dos y nos sujetemos con fuerza la máscara para no caer rendidos al amor.

Ya no

Espérame, me dijiste, como si el amor pudiera ponerse en pausa. Como si no fuéramos más que dos personajes discordantes de una novela inacabada, sin ánimos de sujetarnos las ganas. Después dirás que no te fuiste, que el tiempo no cambió nada, que tú no quisiste hacerlo, que dolió de igual manera, que entre tantos recuerdos comprendiste que me necesitabas cerca. Que los años no hicieron cicatrices, ni abrieron un abismo ni nos declaremos la guerra. Que para mí empezaste a ser una pérdida. Y ahí es cuando preferí un final a seguir siendo tu marioneta.

No quiero

Ya no quiero mirar hacia atrás. Ya no me apetece decir que te olvidé si sé que no es cierto. Si sé que el presente se sostiene de recuerdos y que hay miradas que aún despiertan sentimientos. Que apareciste cuando empezaba a desaprender el camino, a arriesgar, a vivir sin temer hundirme de nuevo.

Ya no quiero mirar hacia atrás y sentir que pierdo, que lo nuestro fue una simple partida en tu estúpido juego. Que siempre reclamabas amor y nunca llegaste a merecerlo.

Ya no me apetece decir que te olvidé, aunque aún me esfuerzo, y me convenzo de que ya no puedo inventar nada para seguir sosteniéndolo. Ningún amor se merece una eterna espera, ni promesas que nunca llegan.

Ya no quiero que vuelvas.

Recordarás

Despertarás un día y te preguntarás qué fue de mi. Qué hizo el tiempo para borrar nuestra sonrisa, donde quedó aquella intención de construir juntos una vida.

Te acordarás de los paseos por la playa, no sin cierta melancolía, de lo bonita que era nuestra juventud sin miedos y sin prisas.

De como fuimos buscando una salida, cobardes por no pronunciar un no a tiempo, por tu miedo atroz a los finales, a sumar amores pasajeros, por no querer recordarnos como bellos desastres que acabaron rindiéndose sin remedio.

Y después de olvidarme, de evocar mi recuerdo sin resentimiento, quizá comprendas que hay personas que están de paso y sin embargo nos dejan un vacío inmenso.

Solo quise que fueras el verso…

No fuiste el final de mi historia. Solo un capítulo más que aspiraba a convertirse en el epicentro de la trama. Solo fuiste una línea sin importancia. El miedo a la soledad confundiéndome las ganas. La necesidad de huir de la melancolía, del “después de ti no hay nada”. Un cambio de párrafo en una vida un tanto desordenada.

No fue culpa de nadie, solo quería que fueras el verso que me desnudara el alma.

A veces…

A veces me equivoco y te nombro en presente. Un breve espacio de tiempo en que sales de mis recovecos y vuelves a encajar en todo aquello que dejemos a medias.

Qué añoranza, querer volver de donde viniste, sabiendo que por más que duela ya no existe.

Volverás a decirme que llorarle al pasado solo lo hacen los infelices. ¿Qué somos? Horas tristes, besos en algún rincón abandonado. Te quedaste entre aquella mirada de quiero pero es demasiado complicado.

Qué fácil es retirarse cuando es a otro a quién haces daño.

Cuántas veces…

Cuántas veces nos rompimos sin querer, y por orgullo no quisimos arreglarnos.

Cuántas veces me pediste tiempo, sabiendo que lo pasado, pasado está, es irrecuperable, se convierte en recuerdo.

Cuántas melodias cantadas al unísono se nos volvieron tristes por el miedo atroz a decir te quiero.

Se nos fue la oportunidad entre un te espero incierto.

Para amar, nos hubiera bastado confiar en nuestros sentimientos.

Dejemos de ser y de sentir por buscar ese alguien que nos hiciera completos. Buscábamos una parte que siempre estuvo en nosotros y no queríamos verlo. Que el amor no es eso. Que es compartir con el otro nuestros sueños. Lástima que tuviéramos que alejarnos para comprenderlo.

Canciones viejas

Siente el lastre de una vida ya pasada. Canciones viejas que suenan con la misma melodía de ayer- la voz viva y alegre le llega ahora entrecortada-, y aún así sigue encendiéndose la llama. El tiempo ha distorsionado la letra, no las emociones.

Reconoce la juventud que se le escapa y la nostalgia la ata a aquel amor que se resiste a morir en sus recuerdos.

Hay imágenes que de tanto reproducirlas se entremezclan con su imaginación, y sin embargo es incapaz de soltarlas para dejar hueco a lo nuevo. El presente ha dejado de importarle. Está en ese fatídico momento en el que parece que la vida ya no le puede dar nada mejor a lo ya vivido.

Vuelve él, enterrado bajo capas de resignación, como aquel verano que vio nacer su historia.

Como la primera vez

photo-1459623837994-06d03aa27b9b

Encontré bajo los escombros una parte de mi vida que te perteneció. Te recordé tal como eras entonces, el epicentro de un mundo que no se correspondía con la realidad. Todo era tan perfecto que cuando la lucidez me alumbraba casi dudaba de ese amor. Pero no resultaba complicado volver a ponerse la venda. Todo lo hacías brillar. Por eso cuando te fuiste me quedé a oscuras. Tropecé mil veces antes de volver a encontrarme.

Yo siempre te buscaba a ti. No me paraba en otros ojos que no fueran los que me gritaran amor con solo mirarlos. Y aquella sonrisa que me recordaba a los múltiples despertares contemplando el alba. Siempre me refugiaba tras los rincones que olieran a nosotros. Rescatando algún resquicio del pasado que habíamos sido. Me cobijaba bajo montañas de recuerdos que se escabullían cuando el tiempo los reclamaba. Me encogía en mi burbuja esperando que el olvido te sacara de allí.

Y así hasta que dejó de doler.  Así hasta que pude contemplar mis cicatrices sin esforzarme en no llorar. Poco a poco volví a respirar sin esfuerzo. A caminar sin que la inercia hiciera todo el trabajo.  A pesar de que todas las canciones me decían que después de ti no había nada, yo mantenía la esperanza. Sabía que vendrían otros que harían de ti un lejano recuerdo. Que volverían a romper la barrera. Porque por muy duro que nos golpeen a veces, la confianza se regenera. Vuelves a creer, aunque con cierta reticencia, lo haces. El amor es capaz de eliminar de tu memoria el sufrimiento para que vuelvas a enamorarte como la primera vez.