Si me siento lejos de mi misma, ahogada en la irremediable idiotez humana, como quién buscar hundirse en la nada, es en esos momentos cuando escribir es lo único que me salva, cuando vacía de respuestas me lamento de todo lo que no dije. De todo aquello que murió vacilante en mi boca. Y entonces me quedo extrañamente silenciada. Tú me miras y en tus ojos puedo encontrar cierta esperanza. Me devoras la tristeza en las horas en que más frágil me siento.

Y ya no hay penas ni remordimientos. Solo somos dos cuerpos huyendo del paso del tiempo.

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