Canciones viejas

Siente el lastre de una vida ya pasada. Canciones viejas que suenan con la misma melodía de ayer- la voz viva y alegre le llega ahora entrecortada-, y aún así sigue encendiéndose la llama. El tiempo ha distorsionado la letra, no las emociones.

Reconoce la juventud que se le escapa y la nostalgia la ata a aquel amor que se resiste a morir en sus recuerdos.

Hay imágenes que de tanto reproducirlas se entremezclan con su imaginación, y sin embargo es incapaz de soltarlas para dejar hueco a lo nuevo. El presente ha dejado de importarle. Está en ese fatídico momento en el que parece que la vida ya no le puede dar nada mejor a lo ya vivido.

Vuelve él, enterrado bajo capas de resignación, como aquel verano que vio nacer su historia.

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Ese momento…

El momento en que te acercas a mi boca y pretendes acallar mis silencios. Ese momento en que dudas, y el titubeo se convierte en un juego. Yo veo el miedo en tus ojos, la angustia de todas las veces que se te clavaron en el pecho sin avisar, de las manchas indelebles que dejaron al pasar. Las veces que has sido dos, queriendo ser uno, perdiendo una parte de ti por el camino. Los versos a medio escribir y todos los no puedo, que desfallecieron contigo.

Y sé que ese beso que buscas no va a salvarte. No hay amor que entierre a otro, ni que cure las heridas.

Y aún así insistes. Y algo dentro de nosotros se desboca.

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Contigo

Compartir ese momento en el que bostezas y aún eres parte de tus sueños. Y tu cara refleja las incoherencias de tus deseos.

Enredado entre las sábanas me sabes a felicidad instantánea, a la sinceridad duradera, a nuestras flaquezas, a ese algo que se nos sigue ensanchando en el pecho.

Comprendimos por fin, que el amor no es estático en el tiempo, son sentimientos que se amoldan al devenir de los años.

Que cada día me ayudas a batir las alas, aunque no entiendas que busco tan lejos y me repitas que bajo tu conformismo también te sientes completo.

Y los dos, ahora, tenemos la seguridad de que querernos bien y sentirnos libres siempre hemos sabido hacerlo.

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Ella

Perdonó lo que tiempo atrás le había hecho daño. Buscó aquellas viejas fotos-desgastadas de tanto mirarlas-que escondían los rasgos de un pasado demasiado latente para olvidar.

Una vida construida sobre frágiles cimientos tendía a romperse con facilidad. Una vida que de tanto deformarse ya no reconocía como suya.

A veces hay que perderse muchas veces para reconocer que no hay brújulas que marquen nuestro destino.

Ella lo sabía. Ahora entendía que somos lo que nuestros sueños nos dictan.

Y estaba dispuesta a conseguirlo todo.

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