Me encantas

Me encanta compartir tu risa. Tus gritos de alegría, ver como tus mejillas se enrojecen y tus ojos se iluminan. Contagiarme de tu juventud, de esa magia que le otorgas a las situaciones más cotidianas. De ver el mundo por primera vez. Y sorprendernos por una hormiga, por ver un avión, por esperar a que salga la Luna y cantarle a viva voz.

Me encantan tus primeras palabras, hasta las que te inventas porque su nombre real es demasiado complicado. Y es que la vida es así de simple. Un beso para curar las heridas, acurrucarte con la persona que amas si tienes miedo, si te sientes solo, si te apete y punto.

Me encanta que no quieras tener horarios. Que el tiempo no reprima tus ganas de seguir bailando. Que exprimas los últimos minutos de tu día como si mañana se acabara el mundo. Que mientras te quedas dormido repitas uno a uno los nombres de las personas a las que amas, para grabarlas a fuego en tu memoria.

Me encanta que nos imites. Que todo lo que hagamos en nuestro día a día sea un ejemplo para ti y nos obligues a ser mejores personas.

Me encantas tú en todos los sentidos. Y verme reflejada en ti. Y verlo reflejado a él también. Y prestarte los sueños que quedaron huérfanos.

Que tienes encanto hasta para robarme el corazón en los peores momentos.

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Te escribiría…

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Hoy te escribiría para soñarte un poco más. Ahora que te siento lejos, que no te respiro cerca, que tus dedos silenciosos no recorren mi espalda. La piel se siente fría, húmeda, triste. Te soñaria hasta tener la certeza que en mi confusión te convertiste en realidad.

Hoy te escribiría para decirte las palabras que se secaron en mi boca., recubiertas aún por tu aliento. Parece que tu olor vive en mi. Solo eres un resquicio en mi memoria pero…no te desvaneces. Y solo te pienso.  Te diria que dejaste el aire cargado de promesas sin cumplir.

Y podría escribirte hasta con los ojos cerrados. Y escucharía nuestra música de fondo, y tus pies torpes rompiendo el ritmo, mi risa estallando en eco en la habitación. Después noche y silencio. Sin miedo, sin dudas. Sin reproches, sin llantos. Después amor entre sábanas, abrazos sinceros, caricias inquietas.

Te escribiría aunque me hubieras olvidado ya. Aunque tus ojos ya no me buscasen entre la gente y aunque no fuera capaz de recordar tu voz. Te diría que necesito volar de nuevo, con tus manos no me caigo. Serías un libro entero. Y yo una lectora en proceso de duelo por tan duro final.

Y no vuelves. Y la noche y esta conjoga que se aferra a la soledad. Y el adiós que se escurre de mis labios.

No vuelves, y dejo la hoja en blanco, y encierro tu recuerdo.