Como la primera vez

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Encontré bajo los escombros una parte de mi vida que te perteneció. Te recordé tal como eras entonces, el epicentro de un mundo que no se correspondía con la realidad. Todo era tan perfecto que cuando la lucidez me alumbraba casi dudaba de ese amor. Pero no resultaba complicado volver a ponerse la venda. Todo lo hacías brillar. Por eso cuando te fuiste me quedé a oscuras. Tropecé mil veces antes de volver a encontrarme.

Yo siempre te buscaba a ti. No me paraba en otros ojos que no fueran los que me gritaran amor con solo mirarlos. Y aquella sonrisa que me recordaba a los múltiples despertares contemplando el alba. Siempre me refugiaba tras los rincones que olieran a nosotros. Rescatando algún resquicio del pasado que habíamos sido. Me cobijaba bajo montañas de recuerdos que se escabullían cuando el tiempo los reclamaba. Me encogía en mi burbuja esperando que el olvido te sacara de allí.

Y así hasta que dejó de doler.  Así hasta que pude contemplar mis cicatrices sin esforzarme en no llorar. Poco a poco volví a respirar sin esfuerzo. A caminar sin que la inercia hiciera todo el trabajo.  A pesar de que todas las canciones me decían que después de ti no había nada, yo mantenía la esperanza. Sabía que vendrían otros que harían de ti un lejano recuerdo. Que volverían a romper la barrera. Porque por muy duro que nos golpeen a veces, la confianza se regenera. Vuelves a creer, aunque con cierta reticencia, lo haces. El amor es capaz de eliminar de tu memoria el sufrimiento para que vuelvas a enamorarte como la primera vez.

Huele a primavera

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Huele a primavera.

A campo florecido, a caminatas bajo el sol que ya quema. A dejarme llevar hacia el horizonte de un mar que resta en calma.

Huele a barbacoas hasta altas horas de la noche. A esos chaparrones que vienen sin avisar y lo refrescan todo lo suficiente para que vuelva a coger la chaqueta.  A los divertidos contrastes de vestuario por parte de los que se mueren de ganas de respirar el verano y los que recelan de salir del invierno.

Huele a mi ciudad colorida rindiendo homenaje a las flores. A monumentos cubiertos de figuras extravagantes que reflejan el arte que aún no puedo entender.  A calles abarrotadas de gente buscando sitio en alguna terraza para tomar la primera cerveza de la temporada.

A los mismo días de ayer que logro hacer cada vez más largos con la sensación de que mi reloj corre más lento, o quizá logre optimizar las horas y aprender a no desesperarme.

Huele a nosotros maravillados por cómo pasa el tiempo.  A la semilla que crece en mi interior que nos permite soñar despiertos. A las risas que dan vida a nuestro jardín y se preparan para acoger nuestras noches a la fresca.

Huele a primavera. A vida, a luz, a la calidez que me llena de felicidad. A primaveras que seguirán volviendo pero ya no me encontrarán en el mismo sitio. Porque la vida me pide no estarme quieta, aunque haga las mismas cosas por dentro sigo evolucionando. Son mis sueños los que vuelan por mí y me llevan lejos. Son otros ojos los que ven florecerlo todo hoy. Otro color el que percibo en el cielo, otras metas las que me esperan en el camino.

Al fin y al cabo, hacer de tu mundo algo nuevo está en tus manos.

Sueños volátiles

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Seguro que alguna vez has tenido sueños de aquellos que vienen y van. O los que se quedan por siempre, pero permanecen en la sombra porque dan demasiada vergüenza hablar de ellos. Con el tiempo reaparecen, te recuerdan que siguen ahí, quizá no con la misma fuerza pero conservan la esperanza de ser cumplidos.

Sueños que cambian con el paso de los años, que se adaptan a la persona que eres, que cogen nuevos rumbos facilitando el camino a aquella meta inalcanzable. Que se perfilan una y mil veces, como si con ello pudieras hacerlos más reales.  Sueños volátiles, esos que un día puedes casi tocar y al siguiente ya se han esfumado.

Sueños memorables, los que recuerdas con cierta melancolía pero sonríes por lo estúpidos que parecen ahora. Pero los sueños no dejan de ser así, una realidad exagerada, un deseo que de ser alcanzado nos proporcionaría la felicidad merecida. Aunque solo quisieran cumplirse a medias, porque a grandes expectativas no te gana nadie. No importa, dirías “aún hubiera sido mejor sí…”, pero te conformarías. Siempre nos han enseñado a conformarnos y tirar hacia adelante.

Y has llegado a imaginártelo tantas veces que si ocurriera no podrías llegar a creértelo. Como aquello que dicen de estar en una nube. La transición que se produce de aquel hecho que acunaste en tu interior y que ahora vuela libre sin tu control. Hasta convertirse en algo tan banal que irremediablemente acaba por perder su significado.

Son solo sueños. Pero no olvides que fueron la pieza indispensable que equilibró tu vida cuando no tenías claro a donde ibas. Fueron tu salvoconducto para sobrellevar los malos momentos. Algo tan profundo que lo decía todo de ti.

Quizá nuestras vidas no sean más que pedacitos de sueños que acabaron por cumplirse, que llenaron el espacio que faltaba para sentirnos realizados.

Quizá el sueño más importante, el que reina nuestro subconsciente, no quiera cumplirse nunca para seguir teniendo un objetivo en la vida…