Mi motivación

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Voy a escribirte aunque no sepa muy bien como hacerlo. Aunque aún seas una parte de mi imperceptible para los demás.
Pero estás. A pesar de no parecer real. De no poder tocarte. A pesar de que hay momentos en que me pregunto si todo irá bien porque aún no puedo sentirte.
Ahora todo nuestro mundo gira entorno a la persona que serás algún día. Vas a cambiarme de tal modo que quizá mañana no sepa reconocerme. Miraré hacia atrás y me preguntaré como pudo tener sentido antes. Es lo que ocurre cuando hay imprescindibles que conducen tu vida. Cuando una parte del camino debes hacerla acompañado, por muy complicado que a veces resulte ponerse de acuerdo.
Eres el amor confirmado de dos personas que un día se encontraron y no quisieron separarse. Una versión mejorada de los dos. O un poco más de mi. O de él. Ese es el milagro de la vida, que te otorga lo que considera oportuno para hacerte único.
Y pensar que tu destino ya se ha entrelazado con el mio. Que mi mundo ya se prepara para hacerte un hueco. Sin miedos ni preguntas. Es curioso como le das vueltas a la cabeza antes de que suceda y luego lo aceptas sin condiciones. Pase lo que pase. Porque no solo creces físicamente en mi interior, hay algo más que se está gestando y es ese amor incondicional de madre que jamás se desvanecerá. El que me ayudará a sobrellevar las noches en vela y me obligará a mirarte con una sonrisa a pesar de los disgustos que me puedas dar.
Acabo de abrir la puerta a un futuro totalmente incierto pero que no asusta, siempre que estés bien, siempre que estés conmigo.
Y ahora te espero impaciente. Ahora camino a tu son. Ahora eres la motivación para seguir adelante.

Emociones

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Adoro esa emoción contenida que explota y lo llena todo de color. La que es capaz de iluminar hasta el día más gris. Emociones que viven al margen de mi jurisdicción. Las que hacen temblar estas manos cuando te tengo cerca. Las que revolotean en mi estómago cuando un libro me llega al alma y por más que quiera retenerlo llega a su final.

Son aquellas que me delatan cuando lloro y no puedo controlar los sentimientos que me gobiernan. Y siento que todo a mi alrededor se hace añicos sin poder remediarlo. Y me aferro a la esperanza más vana para salir a flote de nuevo. Ahí está el encanto de las grandes emociones, que son incontrolables. Que me cambian de rumbo sin apenas darme cuenta.  Puede que me ría sola en mitad de la calle o me apetezca ir dando saltitos porque el mundo brilla en perfecta sintonía conmigo. Puede que todo se derrumbe a los diez minutos siguientes pero no importará, los grandes momentos compensan todo lo demás.

Las emociones son los pilares que sostienen mi interior. Dicen más de lo que a veces  me gustaría, mostrando esa parte de mi que reservo para los que de verdad lo merecen. Así de libre son ellas, se adueñan de mi privacidad hasta desnudarme por completo. Y hoy, me cansé de luchar contra ellas. Descubrí lo satisfactorio que resulta dejarlas correr a su antojo.

Aunque me vuelva loca, aunque nadie me comprenda, aunque me supliquen basta porque correr contracorriente también es doloroso para los demás.

He optado por ser sincera conmigo misma. Por no mentirme para agradar a los demás. Por creer que algún día yo misma me lo agradeceré. Porque siendo honesta…más vale ser egoísta a tiempo y pensar en uno mismo que arrepentirse eternamente.

Adoro esa emoción que precede a un hecho que cambia tu vida. Al tiempo que restas expectante para ver que pasa.
Así estoy ahora. Expectante a todas mis emociones para ver el camino por el que me llevan.

Somos fuego

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Me encanta cuando te cubres de silencio y yo corro hacía a ti para perturbar la paz que te rodea. Cuando me haces creer que la felicidad es aquello que ocurre cuando te brillan los ojos y cualquier excusa vale para echarse a reír.

Quizá te ame porque no desesperas por hacerte entender. Porque ante ti todo se presta tan simple que casi da miedo. Porque te veo reflejado allá donde mire. Entre las sonrisas que sortean un mal día, entre los abrazos que se afanan por detenerse en un instante. Entre las miradas que miran sin mirar, solo porque les da vergüenza ser descubiertas. Y en los gemidos de pleno éxtasis cuando bajo las sábanas no puede haber mejor combinación que tú y yo.

No sé desde que momento empecemos a ser parte del otro. A respirar el mismo aire sin ahogarnos. A ser dos mentes dispersas dispuestas a conectarse en el momento oportuno. A entregar nuestro corazón sin miedo a que un día no podamos devolverlo. Que si escribo es porque la inspiración se esconde entre los suspiros que me dedicas cuando me miras. Y ya no hace falta más, ya eres una extensión de mí que se prolonga hasta lo más profundo de mi ser.

Me encanta que des por hecho que te quiero. Que por fin llegamos a esa fase de la relación en que la confianza no hace falta buscarla porque viene sola. Que somos tan íntimos que llegamos a anticiparnos a los deseos del otro. Que somos tal fuego que arde que a veces las chispas se cambian de lado y nos ofuscamos con los defectos del otro. Y más tarde cuando la tormenta amaina tenemos la certeza de haber sido suficiente sinceros para no volver a equivocarnos.

El tiempo ya no es un enemigo que acecha para llevarse los momentos que hicieron de nosotros lo que somos. Es solo aire que nos empuja, mientras avanzamos cogidos de la mano por el camino que decidimos compartir.

Esa es la paz que tanto anhelaba. Saber que nadie podrá arrebatarnos lo que construimos, los cimientos son demasiado profundos para poder derribarlos.

Tiempos nuevos

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Llegan tiempos nuevos.

De correr sin prisa, solo para sentir el aire en la cara. De no temer lo que quedará después, porque el tiempo no basta para borrar recuerdos, hay que sumarle las ganas de olvidar.
Es el momento de cantar bajo la lluvia. De mojarse sin miedo y agarrar con fuerza los compromisos. De perder las excusas a propósito y no echarlas en falta. De tirar el mapa por la ventanilla y apostar por tu sentido de la orientación.

Porque es tu oportunidad de ir aunque no sepas donde. No busques razones para que tu brújula deje de girar sin rumbo fijo. Concédele un instante de torpeza, acógete a la duda. Tu indecisión será el inicio de un camino lleno de aprendizaje. No te limites a mirar en una sola dirección por miedo a caerte, lo harás de todos modos. Y dolerá. La vida también consiste en eso: ir sumando cicatrices. Ellas contarán tu historia, escribirán lo que serás el día de mañana y te recordaran que todo tiene un precio.

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