Viejas amistades

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Los amigos de la adolescencia son como una puerta a todo lo que guardaste cuando te convertiste en adulto. Y estar en su compañía entraña acordarte de que esa época estaba marcada por la locura. Una locura sana, de esas que lo único que buscan es huir de la responsabilidad.
Por eso los años pasan tan rápido, porque disfrutas e ignoras el sufrimiento. Solo cuando empiezas a picotear lo que es el amor te das cuenta de que todo es más jodido de lo que parece. Pero los primeros intentos—y las primeras caídas en picado—también nos hacen crecer.
Me acuerdo como si fuera ayer de lo mucho que reíamos. Como si la vida en sí fuera un propio chiste. Cualquier excusa nos valía para hacer de la situación algo cómico. Y aquel diario que utilizábamos para desahogarnos y explicar todas aquellas cosas que solo se pueden decir escribiendo. Porque cuando suenan a viva voz parecen demasiado reales. Parece que pueden hacer demasiado daño. La tinta y el papel siempre fueron buenas herramientas para amortiguar el dolor.

Si algo puedo decir con seguridad es que fuiste quién me enseñó a sonreír sin motivo alguno. Una lección que aprendí con gusto a riesgo de convertirme en una boba. Aprendí a reír a lágrima viva. A Llorar a moco tendido. A morir de risa y llorar de tristeza a la vez, contigo descubrí que eso también era posible. A soñar lo que no podíamos tener, con la diferencia de que en esos tiempos aún teníamos esperanzas de que se cumpliera. Y nuestra única aspiración, en vistas de que el futuro quedaba muy lejano, era disfrutar de la vida sin complicaciones. Y si nos equivocábamos no era una catástrofe, podíamos rectificar sin que se notara, sin dejar una huella demasiado profunda.

Aprendí que el miedo, cuando se comparte, se vuelve más insignificante. Y las dudas se callan con respuestas en la boca del otro. Que tus preocupaciones son tonterías en los ojos de los demás, y eso a veces te hace sentir estúpido, a veces duele. Pero también te ayuda a superarlo antes.
Han pasado demasiadas cosas desde entonces y nosotras nos miramos como si fuera ayer. Como si los años solo los separara un pequeño abismo, sin darnos cuenta que ya solo son recuerdo. Y por más que cobren vida de nuevo, nunca serán capaces de arreglar lo que hoy nos destroza por dentro. Que por más que deseemos revivir lo que pasó nunca volverá a ser igual. Aquellas adolescentes crecieron, y tú siempre serás una puerta a todo lo que fui.
A una etapa de mi vida que ya terminó y que guardaré con cariño.

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7 comentarios en “Viejas amistades

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