Desde aquel día

Esta carta lleva consigo todo aquello que nunca decimos porque ya se sabe. Todas esas cosas que damos por hecho, los abrazos y los besos que no dimos porque no hicieron falta. O sí, es más fácil callar que dar el paso. Pero es que uno se pone a pensar cuando la vida cambia de rumbo, cuando el tren acelera o hace un cambio de carril, y entonces sabemos que el tiempo ha pasado demasiado desde aquel día.Desde aquel día que jugábamos a montarnos en un crucero; todo hay que decirlo, no era más que el comedor y las habitaciones de tu casa y el patio era la cubierta, pero lo veíamos con todo lujo de detalles. Sí, lo recuerdo como si fuera ayer. Hacía falta mucha dosis de creatividad para creerse aquello. ¡Qué bueno es ser niño! Cualquier cosa la transformábamos exactamente en lo que necesitábamos. Un árbol caído al suelo en un escondrijo para brujas. Unos palos nuestra arma para el combate a muerte de nuestro juego “nivel 1”. Un trastero oscuro y viejo en la casa del terror, aunque podía hacer las veces de hamburguesería y las hojas caídas de los árboles convertirse en patatas fritas (¿recuerdas el ruido que hacían al rozar con los platos de plástico? ¡Parecía que se freían de verdad!) Y si un día nos aburríamos de repetir otra la vez la misma historia nos bastaba con imaginarnos que había una cámara delante para hacer escenas tristes, de esas que por mucho que lo intentas el otro siempre te hace reír. Luego estaban las trastadas: subirnos a las balas de paja en el campo del pagés, tirarle sacos de grano, aunque fuera sin querer. O las guerras de barro, que empezaban como un juego y acababan con un coche rallado…

¿Recuerdas los concursos por ver quién era la mejor prima de las cuatro? Aunque yo ganara, siempre me sorprendía que tú no le dieras importancia. Que no te enfadaras por el hecho de no haber quedado entre las primeras. Quizá sea una de las cosas que más he envidiado de ti. Que fueses capaz de madurar antes que yo, dejándome un poco atrás en el camino. Como la vez que quise seguir jugando y tú preferiste sentarte con los mayores a escuchar sus conversaciones.
Y ahora que las dos maduramos lo suficiente has sido la primera en dar el paso para casarte. Y ocurre eso que es inevitable, que cada una elige un camino que nos separa. Pero sé que a pesar del tiempo nosotras vamos a seguir ahí. No nos vamos a mover, en nuestro interior, las niñas que un día jugaron juntas permanecerán estáticas, evolucionando en paralelo, con un ojo con la vista atrás para no olvidar de dónde venimos. Con un deje de nostalgia pero siempre sonrientes por nuestros logros. Porque somos como dos piezas de un puzzle, podemos separarnos y volver a encajar con la misma facilidad, con la misma ilusión que cuando lo hicimos por primera vez. Aunque todo avance, tendremos la seguridad que nos tenemos presentes sin estar cerca. Es lo que tiene haber compartido momentos, que automáticamente pasas a ser parte de la vida del otro. Que sin pedirlo, te ayudan a escribir tu historia. Y a mí me gustaría seguir escribiendo un poco más en la tuya.
Así que espérame, que sé que corres más que yo, pero nunca te pierdo de vista.
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9 comentarios en “Desde aquel día

  1. La amistad y el amor de todo tipo permanecerá intactos mientras no se rompa ese hilo invisible que nos une a las personas a las que queremos. A veces, con el tiempo, ese hilo se debilita. Solo es cuestión de tirar de él para que vuelva a ser tan sólido como el primer día.
    Un bello retrato de la amistad a través del tiempo.
    Un abrazo.

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  2. Hola Aida. Si visitas mi blog “Retales de una vida” quizá te lleves una pequeña (y espero que grata) sorpresa. Se trata de un regalito (supongo que a estas alturas ya sospecharás de qué se trata). Si no te gusta, no lo puedes devolver, ésta es la única pega, pero puedes guardarlo en un cajón y mirarlo de vez en cuando. Como cualquier regalo, se ha hecho con la mejor de las intenciones por muy inútil que pueda parecer. Y eso, creo yo, es lo que realmente cuenta.
    Conste que todo lo antedicho no tiene porqué hacerte sentir obligada a aceptarlo. Haz con él lo que creas más conveniente. No me ofenderé para nada. Yo he cumplido con mi parte.
    Un fuerte abrazo.

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  3. Pienso que si la amistad es verdadera, dará igual el camino que se tome. Es normal que dos personas que han estado juntas desde pequeñas tengan diferencias, pues cada una querrá cosas diferentes, y puesto que en la vida podemos elegir dónde queremos ir y encaminar nuestra vida, los caminos se separan. A pesar de ello, los caminos interiores nunca parecen peligrar cuando, como he dicho, la amistad es verdadera. Yo he tenido amistades que no he visto en varios meses y todo ha sido igual como cuando nos veíamos todos los días. Eso es lo bonito, que parezca como si el tiempo no hubiera pasado. Como si todo fuera igual aunque no lo sea.

    ¡Un beso!

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