Querido 2016…

Debería hacer balance de lo que ha sido el año para mi, de las cosas que se me han quedado por hacer, de todos aquellos propósitos que un día como hoy, hace un año, juré y perjuré que cumpliría y se han quedado por el camino.

Pero en vez de eso, dejaré el pasado donde está. Inmóvil y grabado en mi memoria, solo guardaré las experiencias que valen la pena, que para eso hay que reconocer que soy muy selectiva.

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Crecer

 

Lo confieso. A veces me da miedo crecer. Me da miedo tirar hacia adelante, sabiendo que no podré volver hacia atrás. Es una de esas certezas que te escupen en la cara cuando te haces mayor. Te pasas toda la vida deseando tener una edad para poder decidir por ti mismo y cuando llegas a ella te das cuenta de que estás más condicionado de lo que creías. Que el futuro que un día imaginaste no es tan fácil de alcanzar. Y te maldices a ti mismo, por no haber cumplido la promesa de marcharte de casa a los dieciocho.
Me da miedo crecer, por aquello de que a un niño se le perdona todo. Es un hecho irrefutable, todo lo que dicen o hacen se rige por la bondad más absoluta, por tanto, se les concede esa gracia. No saben de nada, pero se les permite hablar de todo. Y si dan una opinión equivocada se les excusa diciendo que les queda mucho por aprender. Cómo no va a dar yuyu cruzar la línea, pierdes toda la impunidad. De repente, toda la paciencia que tenían contigo se desvanece y cae sobre ti la presión de un futuro incierto.

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La magia de la Navidad

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Es Navidad. Aunque haya llegado demasiado pronto y bajo el amparo de un inverno prácticamente inexistente, ya está aquí. Y como ocurre por estas fechas, se empieza a gestar un cambio. Huele a cambio de etapa, al “año nuevo, vida nueva”, a nuevos propósitos incumplidos del año anterior, a un sinfín de promesas que hurgan en deseos mucho más profundos, recordándonos que el anhelo siempre va acompañado de reproches por no haber puesto el empeño suficiente a nuestros proyectos.

Pero la Navidad se trata de magia. Es algo que nos enseñaron desde niños ¿no? En Navidad todo se puede y por pedir que no quede, porque aunque papa Noel no exista como tal, siempre hay alguien dispuesto a conseguir imposibles para hacernos felices. Y no me refiero a un regalo, creo que a estas alturas esas nimiedades poco importan. Me refiero a ese salto al vacío que deberíamos dar para cambiar las cosas, que nos da pavor, que nos hace sentir tan cobardes.

La Navidad nos devuelve la valentía, Pidámosle entonces que de las cosas que digamos, la mitad no se queden por el camino.

Mi regalo de Navidad: Scrivener ¡el software para escritores!

De un tiempo a esta parte no dejo de leer artículos que alaban este programa. Si os sois sincera no me dejaba convencer del todo. Adoro el Word, y soy más bien chapada a la antigua a lo que escritura se refiere, es decir, los apuntes suelo hacerlos en papel o notas (básicamente, porque mi vida ajetreada no me permite abrir el ordenador todos los días) pero si que es cierto que cuando quiero poner un poco de orden…¡pierdo muchísimo tiempo! Y al final acabo por tener cientos de carpetas y archivos que genero en mi ordenador con cada artículo e imágenes para el blog, relatos, ideas, borradores etc. ¿Y si os dijera que con Scrivener todo eso se acabó?

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