El caballero de la muerte

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Cometió errores que jamás pudieron enmendarse, se convirtió en un caballero andante, con su espada enfundada en mentiras y cubierta de sangre de malhechores, pendencieros y traidores. Pasó de luchar por honor y servidumbre a su señor, a matar por una bolsa de monedas. Pronto lo conocieron como el caballero de la muerte, aquellos que debían dinero o esperaban alguna revancha de parte de sus enemigos, se escondían ante su llegada. La cicatriz que le cruzaba la cara y los ojos azules que le propiciaban una profunda mirada, lo envolvían de más misterio. Su atractivo no se había visto truncado por la mala reputación y eran muchos los que aseguraban que hacía uso de su fachada para engatusar a las más jóvenes y robarles la inocencia. Y destruía la potestad de las autoridades tornándose invisible, como un espectro entre las sombras.

La leyenda de Allen Grey no tardó en generar cierta polémica entre las gentes. Nadie conocía su pasado, pero las historias más descabelladas corrían de boca en boca provistas de una alta dosis de imaginación. El segundo hijo de un señor, decían, que mató a su hermano para heredar todas las posesiones. Un ser vil y cruel, que violaba a las mujeres y luego las mataba sin piedad. Tales acusaciones llegaron a oídos de la nobleza más acomodada, pero lejos de ser rechazado, lo utilizaron para sus propios intereses. Su riqueza escaló posiciones rápidamente, y aquel sucio e inmoral oficio le llevó a servir al rey. Aunque al tratarse de personalidades distinguidas, sus hábitos cambiaron, y su espada quedó relegada a un segundo plano para usar métodos menos escandalosos. Como el veneno, un arma cobarde, pero más segura y eficaz.

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El timón que maneja nuestras vidas

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Fue todo una tontería, lo sé. No sé porque me comporté como si se acabara el mundo, como si el único interesado en toda esa historia fuera yo. Fue…un desfase emocional, de esos que llegan en forma de terremoto y arrasan con todo. Y Carla—enfurecida tal como ella sabe hacerlo—me miró preguntándome sin preguntar, de donde coño sacaba esa mala leche. Los seres humanos somos así, actuamos y luego no sabemos explicar porqué actuamos como lo hacemos, no somos capaces de dar respuesta a lo único que aún no hemos podido descifrar, los sentimientos.

Todo fue un Lunes por la mañana, cuando encontré la bolsa misteriosa, un vestido nuevo que no tenía ni idea de que se había comprado y aquella nota de amor conmovedora. Podría haber supuesto que era para mí, que Carla solo tenía ojos para el amor de su vida, y ese no era otro que yo mismo, pero los celos interfirieron en todo el sentido común que me pudiera quedar. En fin, que abandoné el camino de la confianza y un mensaje en su móvil de un número desconocido diciendo: “todo listo para esta noche”, me lo puso mucho más fácil.

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