El tiempo

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El tiempo es dueño de cada momento que nos acontece. Cuando disfrutamos de un instante irrepetible, él se encarga de hacerlo avanzar a toda velocidad, sin piedad, dejándonos esa sensación de melancolía una vez ha finalizado. Por el contrario, en la espera disminuye el ritmo de las manillas del reloj, como si éstas se hicieran cómplices de nuestra impaciencia.

Todo en esta vida es esperar. Esperamos conscientes de que el tiempo se encargará de dejar las cosas en su lugar, dándole las riendas de nuestra vida a algo tan abstracto como la suerte, sí es que existe o es otra artimaña para darnos un poco de sosiego. Cuántas veces nos habremos lamentado por no saber elegir el camino correcto, y habremos deseado en nuestro oscuro silencio poder chantajear al destino para que nos brindara la posibilidad de conocer nuestra meta final. Entonces sería más fácil, podríamos reprimir esa continua sensación de vértigo, mirar al miedo y reírnos en su cara. El sabor amargo de la derrota no nos provocaría indigestión, porque ya estaríamos prevenidos.

Pero la realidad es otra bien distinta. Esperamos en fila, como mansos terneros, a ver qué carta nos da el azar. Y sí el mundo gira, se despierta y se acuesta tal como está convenido, nosotros no podemos hacer nada por impedirlo. Solo nos queda seguir por el mismo sendero, aguardando un atajo, un salvoconducto que nos ayude al menos a ponerle una sonrisa al camino.

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Un comentario en “El tiempo

  1. Pingback: Al punto de partida | Instantes imperfectos

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